Eran las nueve de la mañana cuando en la calle Ferraz amanecía un PSOE cubierto por nubarrones. Siete “lecheras” de la Policía Nacional junto a la puerta y las aceras acotadas por vallas metálicas, custodiadas a su vez por agentes de seguridad. De un lado, un grupo de militantes. Pocos. Con sus pancartas donde podía leerse “esta Gestora no nos representa” “NO a los golpistas” “El PSOE es de su militancia, no de los barones”. Alguno que otro gritaba y su voz retumbaba subiendo por la calle del Buen Suceso, que le da la espalda a la calle Ferraz.

Un olor impregnaba las aceras, como el agua de lluvia: el olor a decepción. “¿Para qué hemos votado al PSOE, que nos prometió sacar al PP del gobierno, si con su apoyo lo mantendrá?” Decía entre lágrimas una militante que mostraba un carnet del partido de los de cartulina, esos que detallaban los principios de un buen socialista (ese que empezaba diciendo que “El Partido Socialista declara que tiene por aspiración:1. La posesión del poder político por la clase trabajadora”). “Si mis abuelos vieran en lo que se ha convertido este partido, no habrían dado la vida por defenderlo” decía Valentín.

busto-pablo-iglesias

Entre gritos, sollozos y el olor a decepción aparecía Fernández Vara, paso firme y mirada al frente. Era el primero en llegar. Algunos periodistas le recibían en la puerta. Al poco rato el busto de Pablo Iglesias vería pasar uno a uno a los representantes del Comité Federal. Estatua sin nariz, enterrada durante la Guerra en el Parque del Retiro, que contempla el hundimiento del partido más longevo de la historia de España.

dos alternativas en forma de resoluciones

Hoy el Comité tenía que elegir entre dos alternativas en forma de resoluciones: una, promovida por Elena Valenciano –quien al comenzar la reunión ha manifestado estar en pleno “revival”, ocupando de nuevo sillón en el mando federal- que planteaba la estrategia del “no” en primera vuelta y de abstención en la segunda, a lo largo de cuatro folios. Otra, que solamente proponía el “no”, bastante más escueta.

Nada más comenzar el encuentro, la mesa ha sido elegida. Tan rápido que algunos miembros del Comité Federal como Mendía han declarado haberse enterado de su composición por la prensa. José Blanco sería el presidente en esta sesión y así desaparecía Verónica, la “máxima autoridad”, que tantos momentos de gloria ha dado desde aquél 1 de octubre.

El presidente de la mesa marca la línea de trabajo: se votará entre una y otra resolución. La reunión tendrá que ser breve (algunos al entrar ya decían que no perderían el ave de vuelta a Sevilla, bajo ningún concepto), y por lo tanto, se darían turnos de palabra en la medida en que el tiempo lo permitiera. Hablarían primero los cabeza de delegación, después los representantes “minoritarios” y en caso de que el tiempo les acorralase, procederían a la votación para continuar después, si quedaba tiempo, con los turnos de palabra.

con las resoluciones estaba todo dicho y era cuestión de elegir una cosa o la contraria

Para que se entienda: con las resoluciones estaba todo dicho y era cuestión de elegir una cosa o la contraria. Así que poco importaba lo que se tuviera que decir. Pero como quedaba feo eso de no permitir lo que algunos llaman “debate” (siendo una consecución de monólogos) se ha abierto el turno de palabra, apuntándose en la lista 54 intervinientes. En un principio cada uno contaba con 4 minutos que han ido reduciéndose a medida que el reloj avanzaba. La última en intervenir, Susana Díaz, ha gozado del turno de palabra sin cronómetro, según cuentan. Ella, que siempre comenzaba abriendo los Comités Federales –y se marchaba inmediatamente después de intervenir sin escuchar a nadie- esta vez se quedaría hasta el final para controlar todo lo que allí sucediese.

A las 14.30 ha tenido lugar la votación. Nominativa: esto es, cada uno contestaba su voto en voz alta al escuchar su nombre en la sala. Evidentemente si alguno tenía pensado votar en conciencia tenía que armarse de valor, pues todos estarían mirando y tomando buena nota de las posiciones.

Finalmente, 139 votos a favor de la abstención en segunda vuelta; 96 mantenían el “no es no”, lo acordado en la reunión del Comité Federal del 28 de diciembre. Dos ausentes en la sala. Uno de ellos, Antonio Hernando, el “cotizado portavoz” que ha pasado de un bando a otro y hoy, casualidades de la vida, ha tenido que ausentarse por ser padrino en una boda.

139 votos a favor de la abstención en segunda vuelta

De los demás, se sabe que Borrell, López Aguilar, Andrés Perelló, Manuel Mata, José Antonio Pérez Tapias, la delegación de Izquierda Socialista, la del PSC, miembros de las federaciones del País Vasco, Baleares, Navarra, Castilla y León, Murcia y Madrid han mantenido la postura acordada en el Comité Federal de diciembre. Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura, y algunos miembros de otras federaciones han apoyado la abstención.

Este ha sido el resultado de un Comité Federal que tomaba decisiones a la espalda de su militancia, donde según algunos sondeos, el 75% se muestra contraria a la abstención de su partido.

Habrían preferido los partidarios de la abstención contar con mayor apoyo en su victoria. Saben que, a pesar de haber establecido la disciplina de voto a través de la resolución aprobada, ya ha habido voces que anuncian que votarán que no en la investidura. Por mucho que se apele a la decisión tomada en el máximo órgano del partido, los hay que consideran que la postura del PSOE se tomó ya en la reunión del 28 de diciembre y que, precisamente, celebrar una nueva reunión para cambiar el sentido, habiendo defenestrado al Secretario General es el mayor acto de deslealtad: tanto al partido socialista como a los votantes que depositaron en ellos su confianza.

voces que anuncian que votarán que no en la investidura

Y de confianza rota se hablaba también desde la tarde de ayer. La que la militancia que se ha movilizado estos días consiguiendo más de 90.000 firmas ha perdido en José Antonio, el Alcalde de la localidad granadina de Jun. Desde que ayer se hiciese público el enfrentamiento entre este militante y la responsable de organización del partido, Laura Seara, nunca más se supo de él. No contestaba al teléfono y su más que frenética presencia en redes quedó congelada. Nada, ni una palabra. A nadie. Dicen que anoche se le vio cenando con algunos barones del partido socialista en las inmediaciones de la sede de Ferraz. Con barones promotores de la abstención.

De lo que nadie duda es de su callada por respuesta y el enfado monumental entre la militancia que durante estos días había confiado en él para que las firmas fuesen entregadas. A las doce de la mañana ha aparecido en un plató de televisión. Según él, acompañado de las cajas repletas de firmas que aún nadie sabe si se entregarán, si serán verificadas de alguna manera y si, finalmente, servirán para algo. Está por ver.

Tras el Comité Federal, rueda de prensa del presidente de la Comisión Gestora, Javier Fernández: la cara de preocupación de los últimos veinte días parecía estar hoy más relajada. El máximo órgano de decisión había acordado establecer la disciplina de voto para el Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados y eso le respalda a la hora de hacer respetar a la gestora. Las consecuencias que se tomarán contra aquéllos que no la acaten están aún por ver.

Mientras tanto, en la puerta, iban sucediéndose las distintas figuras para dar su punto de vista. Borrell ha apelado a la libertad de conciencia de los diputados para poder votar libremente, tal y como hicieron los militantes del SPD alemán cuando se produjo la Gran Coalición con Merkel; Iceta abre el debate en el seno del PSC para romper la disciplina que el PSOE pretende aplicarle a los miembros de su partido hermano; Luena, acalorado, poniendo en valor a la militancia… y alguna voz, como la de Pilar Cancela, echándole la “culpa” de todo a Rodríguez Zapatero.

En definitiva lo sucedido hoy en el PSOE ha mostrado la evidencia de la ruptura de lo que queda del partido. Pero sobre todo, ha hecho volar por los aires la poca credibilidad de un supuesto sistema representativo donde el voto de la ciudadanía está demostrando no servir absolutamente para nada.

¿Para qué votar a quien dijo que no haría todo lo que finalmente ha hecho? Una práctica que vienen haciendo tanto el PSOE como el Partido Popular (principalmente). Esta vez, de manera sangrante que, probablemente, le costará la vida a esta organización centenaria y que está arrasando con la poca democracia que no habíamos conseguido consolidar en nuestro país.

Pablo Iglesias seguía de piedra, atónito y sin nariz. Deseando, seguramente, que lo enterrasen de nuevo en el Retiro para no contemplar lo que está sucediendo. A pesar de no tener nariz, se intuía en su mirada que el olor a decepción le había calado el alma. Como a los que quedaban en la calle, los que de verdad aún le mantienen vivo.

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