Con lágrimas en los ojos pero con la firme determinación de no cejar hasta lograr que la justicia y la igualdad acaben con la epidemia misógina que habita en Guatemala. Así me hablaba hace un puñado de meses Mildred Flores Barrios, coordinadora de la Fiscalía de la Mujer de aquel país, a su paso por Madrid.

Tras ocho años en el cargo, ella mejor que nadie, sabe lo difícil y doloroso que resulta ser mujer en un país como el suyo. Allí la atrocidad y el machismo campan tan a sus anchas que cada 24 horas a la lista de mujeres asesinadas se añaden dos más sin que se inmute nadie. Por no hablar de las continuas violaciones y malos tratos (30 mujeres al día ya se atreven a denunciar a sus maltratadores) que se producen, sobre todo en zonas rurales, y que son el pan nuestro de cada día. “En Guatemala a las mujeres las disparan, después las violan, luego las mutilan y al final las asesinan”, decía.

Flores describía el horror, la desesperación y la gangrena que recorre a una sociedad machista y despiadada que usa, abusa y golpea a quienes menos tienen pero más sufren: las mujeres y niñas. “Hay una violencia instaurada a nivel social que hace que la mujer no exista como ser con derechos. La misoginia es la aliada de los hombres. Hacen con ellas lo que quieren. El 80% de los hombres creen que las mujeres necesitan que se les dé permiso para salir de la casa, y el 70% de las mujeres están de acuerdo con ello”, añadía.

La Fiscal se quedaba corta en su relato porque no quería que tanta miseria apestase y acabara tapando y haciendo olvidar la belleza de un país como el suyo. Ahora viendo el horror de las 39 menores que acaban de perder la vida, de una forma tan horrible como quedar abrasadas por no poder huir al estar encerradas a cal y canto en el centro de acogida “Hogar Seguro Virgen de la Asunción”, a solo 10 kilómetros de la capital, la imagino aún más impotente y con la mirada perdida pesando en esas vidas que ya no podrán ser.

La casa de acogida (responsabilidad del estado guatemalteco) supuestamente cuidaba y cobijaba bebes abandonados, menores discapacitados, embarazadas, jóvenes desarraigados o pandilleros, sin embargo lo único que les ha asegurado a todas las víctimas es el pasaporte para una vida desgraciada y una muerte de mierda.

Las jóvenes comenzaron una protesta para denunciar los abusos sexuales de otros internos y los maltratos y vejaciones que padecían. Para ello quemaron varios colchones. Por si su horror fuera poco ha resultado que las nueve supervivientes que hay hasta ahora están embarazadas. La cuadratura del triste círculo se perpetúa en sus herederos.

Tenía razón Flores cuando se preguntaba en qué país vivía cuando en su trabajo veía el desfile diario de mujeres golpeadas o heridas de una manera tan brutal, o cuando divagaba sobre la responsabilidad de un gobierno y unas instituciones que perpetúa la opresión machista y la incultura social como medida de control y poder hacía las guatemaltecas. También tenía razón en otra cosa: “las afortunadas tenemos que denunciar estas atrocidades y ayudar a todas esas mujeres a salir adelante”. A miles de kilómetros (que son solo físicos) toda el respeto a las víctimas inocentes y el apoyo a quienes merecen la libertad de elegir la felicidad. Descansen en paz.

“En Guatemala disparan a las mujeres, después las violan, las mutilan y al final las asesinan”

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Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

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