© Javier Salas

«No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente», escribió Virginia Woolf en su célebre ensayo «Una habitación propia» (1929). Lema que Clara Sanchis (Teruel, 1968) parece haber hecho suyo: actriz de teatro, televisión y cine, y música y pianista. Nada se le resiste a esta multifacética artista, vista recientemente llenando teatros personificando a la mencionada Virginia Woolf en su monólogo más conocido.

Sanchis ha interpretado textos de algunos de los dramaturgos más importantes de España y ha trabajado bajo la dirección de algunos de los directores de teatro más prestigiosos, incluidos Pilar Miró, Helena Pimenta, Juan Mayorga, Natalia Menéndez o Mario Gas. En televisión ha aparecido en series tan emblemáticas como Amar en tiempos revueltos, Isabel o Cuéntame cómo pasó.

Feminista convencida, Clara es una firme defensora de la igualdad real. Porque como ella dice: «Seré feminista mientras haya distintas formas de maltrato». Hablamos con ella sobre feminismo y sobre la desigualdad en el mundo de la interpretación.

¿Cómo ha influido en tu vida artística el provenir de una familia con raíces tan vinculadas al teatro? (su padre es José Sanchis Sinisterra, uno de los principales dramaturgos españoles, y su madre es la actriz y directora de teatro Magüi Mira).

Al principio tuve la necesidad de alejarme de ellos artísticamente, son dos gigantes. Supongo que sentía una responsabilidad excesiva. Así que me inicié como actriz en Italia, y estuve trabajando allí unos años. Algo que por otra parte me ha dado muchas cosas; trabajar en otro idioma es fabuloso. Cuando volví ya sentía una cierta independencia. Pero es indudable que mis padres me han ayudado a abrir algunas puertas. Y, lo más importante, me han enseñado herramientas muy útiles. Para empezar, el sentido del humor.

« Vivo el feminismo como algo inevitable. Ojalá no fuera necesario»

Como actriz, ¿qué temas te interesan especialmente? ¿Qué tipo de papeles te gusta interpretar?

Las actrices nos especializamos en el tema amoroso… Un día te das cuenta de que llevas media vida interpretando distintas clases de enamoradas. El rol femenino por excelencia. Con la edad, afortunadamente, los personajes cambian. Si tienes la suerte de seguir trabajando, se vuelven más interesantes, con más capas. Me interesan los personajes de ideas, los que tienen una cierta carga política… En este sentido, la conferenciante de Una habitación propia, nuestra particular Virginia Woolf, me ha proporcionado un placer inmenso. Hay mucha emoción, sí, pero llega a través de la inteligencia. Una inteligencia fulgurante.

¿Qué opinas de los premios y de la crítica? ¿Cómo llevas que otras personas valoren u opinen sobre tu forma de actuar?

Lo llevo con deportividad. O eso intento. Las críticas negativas pueden ser útiles, si están hechas con respeto. A veces te ayudan a ver. Pero creo que hay que relativizar tanto los elogios y los premios como las críticas malas. Porque, una vez alcanzado un lugar de profesionalidad y experiencia, la recepción de nuestro trabajo es siempre subjetiva. En todo caso, nuestra exposición constante a las opiniones forma parte del juego. Es parte del oficio, y hay que acostumbrarse.

« Trabajo, en mi pequeño territorio personal y profesional, por seguir avanzando hacia la igualdad real»

¿Qué es para ti el feminismo y cómo de importante es en tu vida y en tu carrera de actriz?

Vivo el feminismo como algo inevitable. Ojalá no fuera necesario. Venimos de un pasado oscuro, que creo que no se ha resuelto. No me parece que tengamos suficiente consciencia de lo que pasó. No se estudia en las escuelas. Y se trata de la revolución más importante de toda la humanidad; somos la mitad. Las mujeres hemos estado condenadas al analfabetismo y a la pobreza. Venimos de ahí. Eso explica muchas cosas de nuestro presente. Pequeñas y grandes. Personalmente creo que se ha avanzado muchísimo, pero queda mucho camino por recorrer. Un camino luminoso, si somos conscientes de él. Trabajo, en mi pequeño territorio personal y profesional, día a día, por seguir avanzando hacia la igualdad real.

¿Qué ha significado para ti dar vida en Una habitación propia a un personaje tan conocido y venerado como Virginia Woolf? ¿Qué te ha aportado la experiencia?

Creo que es la experiencia más importante de mi vida profesional. Me ha exigido un trabajo actoral minucioso, muy difícil, muy delicado. El trabajo de dirección de María Ruiz ha sido fundamental para dar esta especie de salto. Tengo entre manos, y en la cabeza, uno de los discursos más inteligentes, complejos y, al tiempo, bellos, que se han escrito sobre la relación entre los hombres y las mujeres. Sobre nuestro lugar en el mundo. Es una joya que me enriquece y no dejo de redescubrir. Sus palabras también me ayudan en la vida.

Este año, aparte de dar vida a Virginia Woolf, también has participado en la obra Consentimiento, sobre un texto crudo y brutal de la dramaturga británica Nina Raine. ¿Es casual esta decisión de participar en la misma temporada en dos obras claramente feministas?

La decisión de abordar la teatralización de Una habitación propia fue mía. La lectura del libro me había zarandeado la cabeza y el corazón. Sentí la necesidad de trasmitir al público la potencia de esas palabras. Me parece que es un discurso necesario. Y creo que por eso se llenan los teatros con la función: necesitábamos escuchar este texto en este preciso momento. Pero Consentimiento llegó a mis manos a través de Magüi Mira, alias mi madre, así que en este caso podemos decir que fue casual. Sin embargo, está claro que el feminismo está viviendo una nueva revolución. Y no es casualidad que aparezcan estas iniciativas artísticas. Hay una especie de despertar colectivo.

« Se ha avanzado muchísimo, pero queda mucho camino por recorrer. Un camino luminoso, si somos conscientes de él»

¿Existe desigualdad de género en el mundo de la interpretación?

Sí. Las cifras hablan por sí mismas. Los porcentajes de dramaturgas, mujeres guionistas, directoras y productoras siguen siendo muy escasos. Eso repercute en la naturaleza de los personajes femeninos y también en la cantidad. Hay muchos menos. Eso hace que las actrices tengamos más paro, especialmente a partir de una edad. Y eso nos hace ser menos competitivas y, por lo tanto, cobrar menos en muchos casos que nuestros colegas actores. En nuestro oficio, sin embargo, hubo mujeres empresarias pioneras, en épocas en las que las mujeres apenas tenían independencia. Las actrices productoras nos abrieron muchos caminos a las que venimos detrás.

¿Crees que se trata de forma diferente a las mujeres en tu sector? ¿Crees que se sigue valorando más en una mujer factores superficiales como la belleza o la juventud?

Sin duda. Basta con echar una mirada al audiovisual. En el mundo de las presentadoras y los presentadores es de una evidencia clamorosa. Por supuesto, también en la ficción. Estoy deseando ver a una actriz calva interpretando un rol de seductora con éxito. Todo llegará.

¿Crees que recibimos una buena educación teatral y cultural? ¿Qué mejorarías?

El gobierno del PP ha despreciado y denigrado la cultura. Ha desmembrado los oficios artísticos, que sobreviven con condiciones económicas terribles, por la fuerza de la vocación. Ese desastre incide en la educación. También, explícitamente, ha borrado del mapa educativo la filosofía y la música. Dos disciplinas esenciales para el desarrollo de cualquier sociedad. Así que creo que está todo por mejorar… Por mi parte, daría a estas dos asignaturas un peso importantísimo. Especialmente a la música, que no deja de arrinconarse cuando está demostrado que es el camino más dulce y efectivo para abrirnos tanto el lado racional como el emocional. La música es oro.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Hacia dónde se dirige Clara Sanchis?

Queda mucha gira de Una habitación propia. Y en otoño empiezo a ensayar El mago, un texto poderoso, de Juan Mayorga, que él mismo dirige. Con José Luis García Pérez y María Galiana, entre otros, como compañeros de reparto. Estrenamos en el CDN en noviembre. Siento una gran felicidad por volver a trabajar con Mayorga.

CUESTIONARIO BREVE

Una referente feminista.

Virginia Woolf, claro. Y Chimamanda Ngozi Adichie, por ejemplo.

Una película dirigida por una mujer que siempre recomiendes.

Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín. Creo que todas y todos deberíamos verla, aunque sea muy dura. El maltrato, físico y psicológico, está a la orden del día. Es necesario conocer sus mecanismos perversos.

Una dramaturga.

Denise Despeyroux.

Una actriz de teatro contemporánea por la que sientas predilección.

Vicky Peña.

Una actriz que haya influido decisivamente en tu forma de actuar.

Creo que ver de niña un montón de películas de Katharine Hepburn me ayudó a entender que las actrices también podíamos – y debíamos- desarrollar el sentido del humor.

Un diálogo teatral que no se te vaya de la cabeza.

Olvido los textos que interpreto en cuanto sé que su camino ha terminado. Es algo que mi cabeza hace sin contar conmigo. Así que solo puedo decirte un trozo de Una habitación propia… o soltar, sin venir a cuento, aquello de «¿Vas armado, o es que te alegras de verme?».

El papel del que te sientas más orgullosa de haber interpretado.

Esta conferenciante de Una habitación propia, que es y no es Virginia Woolf… Me siento útil.

Un papel que te gustaría interpretar.

Nadia, de El mago, de Juan Mayorga. Justo el personaje que estoy preparando.

Un montaje teatral que te haya apasionado.

Acabo de ver, en Milán, ensayos de Afghanistan: Il grande gioco, de diez autores ingleses, dirigido por Bruni y de Capitani. Y me apasionó.

Una mujer que te haya marcado.

Nuria Espert. Debuté haciendo figuración en un espectáculo producido y protagonizado por ella. Y nunca olvido su fuerza y su calma.

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