Cataluña se enfrenta en los próximos días al despeje de alguna de sus incógnitas más transcendentales sobre su presente y futuro político. Así y mientras Puigdemont desoja la margarita sobre su presencia o telepresencia en la próxima sesión de investidura todos los ojos están puestos en las calculadoras de suma y resta , esas en las que la incomparecencia de algunos diputados huidos o encarcelados podría llevar al enroque de las mayorías y la falta de progresión en torno a la investidura del nuevo o la nueva presidenta del gobierno catalán. Así y con todo, parece que las distancias no aparentes, pero si internas en el bloque nacionalista cada vez se agigantan más con el obstinado interés de Puigdemont de gobernar de manera virtual desde su exilio dorado belga, algo no compartido por una ERC que prevé un escenario con un presidente de su formación en caso de enroque de un Puigdemont hoy más lejos de España que antes si cabe.

Diferentes caminos son así los que parecen puede transitar la política catalana en las próximas semanas, siendo la convocatoria de unas nuevas elecciones una de las posibilidades que en los despachos de las sedes políticas se presente como alternativa no querida pero presente. Así, el análisis razonado de los últimos resultados electorales celebrados en Cataluña viene a reflejar una división cada vez mayor en la columna vertebral de la región, entre las zonas rurales y las zonas industriales y más urbanas, entre la Barcelona y la Tarragona y la Lleida y Girona, cuna esta última del mayor porcentaje de voto nacionalista que se recuerda y en desconexión ya permanente con la realidad española. Y es que, esta división reflejada a tenor de una ley electoral escasamente proporcional nos lleva a un escenario de bloques en un Parlament en donde la única suma que pudiera desbloquear el enroque entre nacionalistas y constitucionalistas podría ser la suma de ERC, Comunes y PSC, algo inverosímil no obstante para un PSOE que con discurso nacional pretende llegar a la Moncloa y que ve como la apuesta de Ciudadanos va calando relegando a los/as socialistas a un tercer puesto en intención de voto.

Son así dos las posibles sumas de mayorías absolutas que Cataluña tiene ante sí, la suma de las izquierdas con el necesario abandono de la vía unilateral de ERC y la propuesta de Referéndum que hiciera posible el apoyo del PSC a dicha suma o la propuesta de gobierno nacionalista de Juntos por Cataluña , ERC y la abstención de la CUP, compleja hoy ante el escenario de encarcelamiento y huida de parte de los diputados y diputadas electos/as en los pasados comicios y la obstinación de virtualización de gobierno del candidato Puigdemont.

En definitiva, vivimos la complicación del tablero político catalán y el avance en la estrategia del desgaste del nacionalismo al que parece haberse abonado un Mariano Rajoy que hace de la no acción la acción más determinante en su forma de entender la política. Algo, que puede llevarnos a vislumbrar en un plazo corto de tiempo unas nuevas elecciones catalanas, para hartazgo de la propia sociedad catalana y de la española. Ávida de dar carpetazo y solución al conflicto de Cataluña, ese que como país nos lleva ya causados importantes daños económicos y para el bienestar del país en su conjunto.

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