Carmen del Valle es una de las grandes actrices de nuestro teatro. No necesita presentación porque su trabajo es su mejor tarjeta de visita. Durante años ha representado a los grandes personajes femeninos de Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Valle Inclán, Miguel Mihura, Max Aub o José Zorrilla, además de la prodigiosa interpretación de La Celestina dirigida por Robert Lepage y en la que compartió tablas con Nuria Espert, trabajo que fue premiado con un Max. En la actualidad está representando junto a Arturo Fernández Alta Seducción en el Teatro Amaya de Madrid. Carmen del Valle es una actriz de raza, de vocación, que sale al escenario a darlo todo, «a matar».


 

 

No es la primera vez que compartes escenario con Arturo Fernández, ¿cómo es trabajar con él?

Arturo es el rey de la alta comedia. Es un género que nace con él y va a morir con él. Pertenece a una generación única de cómicos en la que ser actor no era solo un oficio sin una forma de vivir y una actriz joven como yo, estar aprendiendo al lado de él es un absoluto lujo.

 

Se ha llegado a decir que Carmen del Valle es, junto con Arturo Fernández, la actriz representativa de la alta comedia…

No, por favor, no. Para mí la comedia es el género más difícil que existe. En su carrera uno toca todos los géneros. Yo vengo del teatro clásico que es donde he desarrollado prácticamente toda mi carrera, siempre haciendo grandes textos, Calderón, Lope de Vega, La Celestina etc. Eso te da mucha experiencia. Alta comedia solo la he hecho con Arturo pero me considero una aprendiz. Es un género necesario.

 

¿Qué diferencia ve entre una comedia clásica y la alta comedia?

En el teatro clásico tienes un gran texto detrás y tienes medio trabajo hecho. Son géneros muy diferentes pero maravillosos porque te enseñan lo maravilloso de este oficio que es la adaptación.

 

Usted ganó un Premio Max por La Celestina en la que compartió tablas con otra grande de nuestro teatro, Nuria Espert… ¿dónde se ve más identificada, con el teatro clásico o con la alta comedia?

No soporto las etiquetas. Me gusta meterme en todos los personajes y meterme en la alta comedia es difícil. Imagínate, yo acostumbrada al miriñaque y a las faldas largas y ahora con tacones altos moviéndome por el escenario. Todo eso es difícil y por eso es fascinante. Trabajar con Arturo es alucinante. La vitalidad, es una persona que trabaja por vocación, que no le hace falta trabajar para vivir. Está en escena porque es su vocación, su vida. Estar con alguien así es fantástico. Él me dice que se muere de aburrimiento y que rejuvenece cuando sale a las tablas. Eso sólo se ve con Sacristán, Nuria Espert, Amparo Rivelles, Alberto Closas, actores de raza con los que he tenido la suerte de compartir escenario. Lo que aprendes de ellos es fascinante, no sólo por lo que te aportan en escena sino por sus vivencias, por cómo eran los teatros y las compañías de los 50, por la hermandad que tenían. Algo así no se puede desaprovechar.

 

Hablamos mucho de Arturo Fernández y de lo que le ha aportado, pero, ¿qué le aporta Carmen del Valle a él?

Yo soy una actriz que trabaja mucho con la emoción, también tengo mucha vocación y disfruto mucho encima del escenario. Él a veces me dice que nos retroalimentamos. Nos escuchamos, nos reímos. Ayer nos dio la risa en escena por lo bien que nos lo pasamos. Somos felices trabajando juntos. Él es actor y en La Montaña Rusa fuimos felices trabajando juntos. Siempre nos sorprendemos. Pero él improvisa y tengo que estar alerta. Nunca hacemos una función igual.

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