Sin lugar a dudas los tiempos de cambio no acompañan a la socialdemocracia europea en su conjunto, el cambio de paradigmas en lo que a las relaciones económicas, políticas y sociales se refiere en torno a un momento de cambio parece que no han sabido interpretarse aún por una socialdemocracia “Zombie” ante los procesos de transformación profunda de las sociedades europeas, esas que a modo de estampida le pasan por encima sin que sea capaz la propia socialdemocracia y sus capas dirigentes de de fijar una hoja de ruta previa para las demandas que este momento requiere gran parte de la ciudadanía. Faltan así ,muchos ingredientes que hagan visible al socialismo europeo como herramienta eficaz frente a los retos y desafíos que la sociedad del presente afronta, esos basados en la precarización de los servicios públicos, el empleo o la diferenciación cada vez mayor de clases sociales . Y es que, el problema no viene sólo así de la falta de capacidad interpretativa del contexto que hoy vivimos, sino de igual forma de la falta de instrumentos por parte de una clase política incapaz de dar respuesta, soluciones o ideas acertadas que sepan conjugar la realidad del hoy con el acierto en el mañana, colmando las expectativas de quienes por los rigores lógicos de un cambio de era marcado por procesos como la cuarta revolución industrial o el cambio climático se ven y se verán afectados de esa transmutación del sistema y reconversión de un capitalismo que busca su espacio en el siglo XXI, aún a costa del sufrimiento de quienes se ven triturados por el nuevo sistema productivo.

Hoy, la socialdemocracia en Europa se enfrente al reto de volver a ser útil así en un tiempo de cambio o dejar de serlo regalando su espacio a otras fuerzas políticas transformadoras capaces de asumir el papel que antaño tuvo la propia socialdemocracia, ese basado en dar respuesta a la ciudadanía en aspectos básicos en el contexto de la conformación de una sociedad del bienestar en la que el socialismo se ha sentido útil a si mismo y reconocido como tal por la propia ciudadanía europea que así lo veía. Una sociedad del bienestar, que al resquebrajarse como consecuencia de la crisis económica del 2008 profundizada aún más si cabe con los cambios de ciclo global que no han venido más que a generar la desconfianza hacía esa socialdemocracia que se ha visto incapaz de dar las respuestas necesarias y coordinadas en el escenario europeo. Una Europa en donde por el contrario se ha asistido a la transmutación del socialismo en dos vertientes alejadas ambas de su perfil histórico, por un lado primero la de un socialismo compañero de viaje del liberalismo o de las doctrinas de las tesis conservadoras -incluso en ocasiones formado gobierno o alianza con quienes las propugnaban- como respuesta a la crisis y por otro lo contrario en un perfecto movimiento pendular al abismo, ese que nos ha presentado a una socialdemocracia girada a los extremos de la izquierda excesivamente populistas y falta de pragmatismo en donde la capacidad real de análisis y el centro izquierda se ha visto abandonado ante el miedo de la huida en masa de los/as electores/as a fuerzas de nuevo cuño sustentadas en los discursos del populismo radical.

De esta forma la profunda crisis de la socialdemocracia hace que hoy nos encontremos ante una realidad compleja para quienes con sentimiento y actitud socialista afrontan la defensa de dichos postulados. En primer lugar, por la falta de definición de lo que debe ser la socialdemocracia y del socialismo hoy en la Europa del siglo XXI, en segunda lugar por la pérdida de conexión entre el socialismo y la ciudadanía activa y reactiva de los países de la UE que hace que los dirigentes políticos hayan perdido ese enlace necesario y fundamental con la realidad, en tercer lugar por el error permanente en los mensajes que la ciudadanía espera y necesita en un tiempo de cambio en donde el instrumento de la política y los propios partidos políticos deben ser ante todo útiles, en cuarto lugar por la incapacidad de construir un proyecto europeo capaz útil a la ciudadanía que indefensa en su pérdida de soberanía a favor de dicho proyecto no se ha visto compensada con medidas de corte progresista y cercano ante sus problemas cotidianos.Y por último, en quinto lugar y como consecuencia de lo anterior la pérdida permanente de apoyos electorales de los partidos socialistas tradicionales en países como Francia, Grecia, Holanda o Inglaterra entre otros.

En definitiva, el socialismo europeo se enfrenta a una tormenta perfecta de la cual puede salir convertida en una fuerza política residual y en cola , superada por esos nuevos partidos que con mayor capacidad de adaptación e interpretación de la nueva realidad de este tiempo pueden venir para quedarse en la escena política europea, aún cuando eso suponga.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

2 Comentarios

  1. El problema de la socialdemocracia es que en el desarrollo del capital de las sociedades de hoy se convierten en social-liberales.No pueden dar màs de sì,porque ya han abandonado la idea de una sociedad socialista,que para eso se creò la socialdemocracia.
    Todas las vueltas que le des solo son ganas de seguir engañando o seguir comiendo del bote.
    ¿Tù crees que Marx estaba equivocado?Por favor seamos objetivos.

  2. Estimado David, ni engaño ni he comido nunca de ningún bote ni cargo público, creo que estas en un error, creo que Marx acertaba en su análisis cíclico de las sociedades y de la economía. Respecto a la Socialdemocracia Europea esta es mi opinión. Un saludo querido lector

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

2 × cuatro =