Llega septiembre y, como si de un renacer se tratara, surge de nuevo, desperezándose en un primer momento, la vida en nuestros pueblos y ciudades.

Hoy, quisiera referirme a una de las situaciones con la que nos encontramos  y que siempre nos llama la atención: la vuelta a las aulas.

Desde el punto de vista histórico, tendremos que resaltar que el sistema educativo ha ido teniendo numerosos cambios, de acuerdo a las épocas, y en los últimos años, relacionado con las leyes que lo contextualizan.

Pero, sin duda, por partir de un origen determinante para la realidad actual, hemos de reseñar las modificaciones sustanciales que tuvieron lugar a partir de la Revolución Industrial.

Fue en ese momento, cuando se ideó un sistema pretendidamente universal. En el que los obreros pudieran capacitarse para desempeñar su trabajo. En el que las clases pudieran acoger a un elevado número de alumnos y se tuviera un continuo intercalado entre las distintas materias que contarían con diferentes profesores. Allí, también, se estableció una jerarquía para determinadas asignaturas.

A partir de entonces, la situación ha devenido en adaptaciones al medio, cambios estructurales: edificios más modernos y funcionales, materiales que permitían el aprendizaje con más facilidad, profesorado cada vez más y mejor formado….

En paralelo se sucedían las teorías pedagógicas y su aplicación iba directamente influida por el medio político en el que se desenvolvían. Así, democracias y dictaduras beligeraban en pro de llevar a buen término sus propósitos adoctrinadores.

Hoy, la dinámica viene determinada por la pugna partidista. De esta forma, y a falta de un Pacto Nacional por la Educación, convivimos con el permanente descalabro de la utilización endogámica de las supuestas virtudes o perniciosos efectos ( según quien lo describa), del modelo educativo imperante.

En realidad, lo cierto es que esta semana se ha vuelto a escuchar el bullir de miles de chicas y chicos, la mayoría deseosos de reencontrar sus amistades, de contar su bullangero verano, de fabular increíbles nuevos mundos, de continuar viviendo….

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