“Los avances normativos no sirven de nada si no llevan parejos un cambio de mentalidad. Las leyes son esenciales pero no son condición suficiente para pasar de la igualdad formal en la que estamos instalados como sociedad a una igualdad real y efectiva”

Desde que la Ilustración y la Revolución Francesa alumbraron el feminismo, como dice Nuria Valera en su libro Feminismo para principiantes, la lucha de muchas mujeres, y también hombres, ha permitido alcanzar grandes hitos como la aprobación en España de una Ley para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres.

La Constitución Española, el marco de convivencia que como ciudadanos nos hemos dado, recoge que los españoles somos iguales sin que pueda prevalecer discriminación alguna. En Extremadura, nuestro Estatuto de Autonomía insta a los poderes públicos a garantizar la libertad y la igualdad. Hemos logrado que nuestros parlamentos, tanto el nacional como el regional, aprueben sendas normas en pro de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

No podemos dudar de que este largo camino ya emprendido y no exento de dificultades ha supuesto un progreso innegable pero los avances normativos no sirven de nada si no llevan parejos un cambio de mentalidad. Las leyes son esenciales pero no son condición suficiente para pasar de la igualdad formal en la que estamos instalados como sociedad a una igualdad real y efectiva. Las leyes se quedan en papel mojado si no están acompañadas de programas, proyectos y presupuestos.

Hemos avanzado y eso es indiscutible. Menospreciar los hitos que se han conseguido hasta ahora es tanto como no reconocer lo mucho que ha supuesto para las mujeres de hoy la lucha de aquellas muchas que nos antecedieron, pero ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre y dejar a un lado los eufemismos y el lenguaje políticamente correcto. Ha llegado la hora de pasar a la acción porque todavía hoy son muchos los problemas a los que las mujeres nos tenemos que enfrentar por el mero hecho de ser lo que somos, mujeres.

Las desigualdades y obstáculos existentes para entrar y permanecer en el mercado laboral, el pleno acceso a los derechos sociales, la eliminación de los llamados techos de cristal que nos impiden acceder a puestos de responsabilidad y toma de decisiones el logro de la conciliación entre la vida personal, laboral y familia… son múltiples las batallas que aún nos quedan por librar.

Esta última debe de ser inmediata, es necesaria en nuestro país una política de conciliación que nos permita a las mujeres romper los techos de cristal que nos impiden ser iguales a nuestros compañeros varones.

Los datos hablan por sí solos. Según la Unión Europea las mujeres emplean más tiempo que los hombres en tareas importantes impagadas como los trabajos de la casa o el cuidado de niños y familiares.

Las mujeres dedicamos al cuidado de la casa y la familia 4,7 horas diarias frente a las 2,5 de los hombres. Este reparto injusto se refleja en los puestos que las mujeres ocupan en el mercado laboral, casi el 40 por ciento de las mujeres asegura que ha tenido que renunciar a un trabajo o a un ascenso por tener hijos.

En España hay alrededor de 650.000 mujeres emprendedores, solo suponen el 17 por ciento del total y solo el 26 por ciento de los puestos de dirección de las empresas del país medianas y grandes están ocupadas por mujeres.

Es el momento de exigir un gran Pacto de Estado por la Conciliación y la Corresponsabilidad que invierta las cifras que año tras año fotografían una estructura anómala que vulnera los derechos de más de la mitad de la población y que nos empobrece como sociedad.

Acaba de comenzar una legislatura que se prevé apasionante desde la perspectiva de la capacidad transformadora que tiene la política. Con un Parlamento sin mayorías absolutas las posibilidades de alcanzar grandes consensos en torno a temas clave se multiplican.

Hemos de aprovechar la oportunidad que representa el hecho de que exista un consenso generalizado sobre la revisión de los grandes pactos que nos han permitido avanzar y progresar como país en los últimos treinta años.

No debemos perder la oportunidad de añadir a esa lista de pactos para el futuro un gran Pacto de Estado por la Conciliación y la Corresponsabilidad en España porque es indispensable establecer una alianza para combatir desde todos los ámbitos las desigualdades históricas que han sufrido y sufren las mujeres.

Son muchas las cifras que conocemos, muchos los artículos, análisis y estadísticas que se publican pero nadie ha calculado lo que supondría para nuestro PIB la inexistencia de la brecha salarial, la mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral o el mayor número de cotizantes mujeres a la Seguridad Social.

¿Somos conscientes de lo mucho que estamos perdiendo como país por no tener  una igualdad real entre mujeres y hombres? Sin despreciar lo mucho que ya hemos conseguido, es necesario ir un paso más allá y pasar de los diagnósticos a las medidas concretas.

 

Isabel Gil Rosiña es portavoz y responsable de Relaciones Institucionales de la Junta de Extremadura

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