Cada vez nuestra sociedad se ve afectada por problemas de carácter global, es decir, sus causas y más bien sus consecuencias alcanzan a la totalidad de quienes convivimos en el planeta. Si bien es verdad que no a todas las personas o criaturas afecta por igual.

Uno de ellos es el Calentamiento Global o Cambio Climático, como queramos llamarlo. Los documentos elaborados por la comunidad científica afirman que la responsabilidad del mismo es global pero diferenciada, unos países y personas son más responsables que otras y no coincide que quienes más responsabilidad tienen sean los países que están sufriendo con mayor rigor sus consecuencias. Véanse las hambrunas en marcha o las pérdidas humanas y materiales de estos días en Perú o Colombia.

La Unión Europea lleva años haciendo estudios, como el PESETA, siglas en inglés del estudio que nada tienen que ver con nuestra antigua moneda, sobre los impactos económicos en diferentes sectores. Andalucía es uno de los territorios que más está sufriendo los impactos actuales del Cambio Climático y también le ocurrirá en el futuro.

La introducción del PESETA II recoge que “si el clima de los años 2080 ocurriera hoy y sin adaptación pública, las pérdidas de bienestar de la Unión Europea ascenderían a unos 190.000 millones de euros, casi el 2% del PIB de la UE. La distribución geográfica de los daños climáticos es muy asimétrica, con un claro sesgo hacia las regiones del sur de Europa. Se calcula que más de la mitad de los daños generales de la UE se deben a una mortalidad prematura adicional (120.000 millones de euros). El paso a un mundo de 2°C reduciría los daños climáticos en 60.000 millones de euros, hasta los 120.000 millones de euros (1,2% del PIB)”

Así, en Andalucía, varios sectores entre ellos la agricultura ya se están viendo afectados, basta con hacer una búsqueda en las hemerotecas para encontrar noticias que confirmen estas afirmaciones. Este impacto negativo será mayor si no reducimos las emisiones contaminantes y simultáneamente vamos adaptando nuestros cultivos en la medida de lo posible y al ritmo adecuado a los cambios en curso.

La disminución de precipitaciones y la pérdida de humedad del suelo por evaporación, la subida de las temperaturas mínimas y máximas y la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos como olas de calor, lluvias torrenciales o sequías someten y van a someter a nuestros cultivos a serías pruebas que disminuyen su producción.

En el estudio de los impactos y procesos de adaptación agrícola trabajan en el Instituto de Fenómenos como “la seca” enfermedad de la encina, que se ve impulsada también por la falta de humedad y las altas temperaturas y los viñedos que hace tiempo que están adaptando su cultivo a las variaciones impuestas por el Cambio Climático.

En Córdoba en el centro de Investigación y Formación Agraria y Pesquera, IFAPA, trabajan en cultivos como el trigo. Habrá que cambiar los tipos de trigo usado para driblar las inclemencias temporales negativas y conseguir ajustar a las mejores condiciones de germinación, crecimiento y maduración. Otros cultivos actuales como el maíz tendrán mayores dificultades. El olivo va a encontrar zonas donde no va tener temperaturas suficientemente bajas en invierno para conseguir resultados óptimos y en otras zonas o estaciones el calor y sequedad del suelo, estrés térmico o hídrico son y serán factores limitantes.

El uso de cultivos y técnicas que permitan aumento de la materia orgánica en el suelo para retener el carbono es otra línea que los especialistas en agricultura están investigando.

Toda esta tarea de investigación y estudio debe pasar lo más rápido posible de los laboratorios y centros de investigación a los responsables políticos de la agricultura andaluza para su extensión a los agricultores, cambiar las prácticas agrícolas  y permitir el mantenimiento de la mejor agricultura posible en Andalucía, uno de los sectores más importantes de creación de riqueza y empleo en las extensas zonas rurales de Andalucía.

José Larios Martón. Miembro de la Ejecutiva Federal de EQUO, Presidente de la Fundación EQUO y experto en cambio climático.

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