Yendo ayer por el paseo de la playa rumbo a la Cala Real, en la exacta mitad de la manzana entre la avenida de Bruselas y la avenida de Holanda, y después de veinte años por lo bajito, volví a sentir la felicidad. El rótulo que vi en el soportal de El rancho de Pancho tenía su tilde sobre la triste ‘e’ de ‘teléfono’ que otrora ponía ‘telefono’. ¡Y su menú! Lo revisé con denuedo y no fui capaz de encontrar una sola afrenta al decoro y al honor de la lengua castellana.

Me apresté henchido de gozo a bañarme y perfumarme pues esa misma tarde tenía una reunión de Ortografómanos Anónimos al ladito de Luceros, en la magnánima Lucentum. Fíjense que mi feliz instante de la dicha se me acabó de repente cuando Mercedes hizo los honores y de corrido, casi sin tomar aliento, nos soltó esto:

-Bienvenidas y bienvenidos a todos y todas, compañeros y compañeras, miembros y miembras de Ortografómanos Anónimos. Os presento a nuestra nueva presidenta, pero sin embargo amiga, Bibiana Rodríguez, luchadora incansable por las políticas de igualdad.

Menéndez Pidal, que estás en los cielos, menos mal que ya no estás aquí. ¿Todos y todas? ¿Miembros y miembras? ¿Presidenta? ¿Pero sin embargo? ¿Pero pero? ¿¡Pero esto qué es!? ¡Que aún estamos en proceso de rehabilitación! De repente oí voces, me volvieron las palpitaciones y hasta tuve alucinaciones. Creí ver El rancho de Pancho atestado de faltas de ortografía y el whatsapp lleno de ‘ola k ase’.

A ver si el prurito ideológico no nos nubla la vista de la gramática castellana. Que eso de la igualdad está muy bien pero la lengua no es solamente el reflejo de la sociedad sino la sociedad el reflejo de su lengua y no por decir que el rey va vestido se viste de nuevos trajes.

En castellano existen los participios activos derivados de los infinitivos. Según me cuenta Pompeyo -otro compañero de Ortografómanos Anónimos-, el participio activo -también conocido como participio de presente- es una forma que ha desaparecido casi por completo y solo queda en algunas palabras lexicalizadas como simples adjetivos que a menudo se sustantivan: ‘alarmante’, ‘asistente’, ‘cantante’; algunos incluso se han convertido en preposiciones (‘durante’, ‘mediante’) o adverbios (‘bastante’).

¿Farragoso? No tanto: a nadie se le escapa que no es lo mismo ser amante que ser amado. El participio activo del verbo amar es ‘amante’; el de entrar es ‘entrante’; el de salir es ‘saliente’; el de poder, ‘pudiente’; el de ver, ‘vidente’; el de cantar, ‘cantante’ y el de dormir, ‘durmiente’. De ahí que una versión masculina de La bella durmiente, nunca podría ser El bello durmiento. ¿Me voy explicando? ¿Y quien habita qué es? Ni habitanto, ni habitanta. ¡Habitante! Ni lo uno es un micromachismo ni lo otro un chochonismo ilustrado. No mezclemos churras con merinas. Mejor vamos a jugar. ¿Quien estudia qué es? Estudiante. ¿Y quién dirige? Dirigente. ¿Y quién reside? Residente. ¿Y quién camina? Caminante. ¿Y quién ignora? Ignorante. ¿A que no es tan difícil? Vayamos al meollo de la cuestión: cuando queremos nombrar a la persona que ejerce la acción que expresa el verbo añadimos la terminación del participio activo. De esta forma, se le llama ‘presidente’ a quien preside y nunca ‘presidenta’ o ‘presidento’.

¿Y si llega el momento en que llamamos ‘periodisto’ al periodista, ‘poeto’ al poeta y ‘pianisto’ al pianista? Si llega, que llegue, pero mientras tanto me busco una tilita doble que está la Merkel en la tele y un señor leyendo del teleprompter.

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1 Comentario

  1. Excelente el artículo… Totalmente de acuerdo… Bajo la bandera de la Igualdad se cometen muchas tonterías también… Hay que tener más cultura general antes de hablar barbaridades de manera tan bárbara… Saludos Profe…

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