Este país no puede soportar más este gobierno cimentado en un partido corrupto, al que un día un caso y otro día otro, en esta ocasión el Gürtel en su versión valenciana, se le amontonan en los juzgados poniéndose de manifiesto los sucios acuerdos entre políticos y empresarios para expoliar al pueblo llano haciéndole cada día más pobre. De esta forma, se da la paradoja de que cuando la macroeconomía mejora, sólo salen beneficiados los más poderosos, incluida la banca rescatada; los más pobres siguen todavía en 2008, en una crisis que ha sido superada por todos los países de nuestro enterno, entre ellos la “roja” Portugal.

Este gobierno es incapaz de resolver ni un solo problema de los que tenemos que son muchos, ni a nivel económico ni social, por la sencilla razón de que sus “amigos” están satisfechos y los de a pie no pueden esperar nada de él: ni en educación, ni en sanidad, ni en dependencia, ni a nivel diplomático. Como ejemplo paradigmático, la Venezuela de Maduro tiene a España como enemigo público, mientras respeta al resto de países de la UE, ¿por qué? Porque tenemos un gobierno con bastantes tintes de extrema derecha, que es incapaz de resolver nada por la vía política: fuerte con el débil pero débil con el fuerte, que todo lo intenta resolver utilizando “su” justicia y el “garrotazo y tentetieso”. Es inaudito que cuente, a veces, con la colaboración de partidos como Ciudadanos, que se puede entender, y también del PSOE lo cual es inconcebible.

Actuando así, con este modus operandi, ha conseguido que el problema territorial catalán alcance unos límites inssoportables: ¿cómo se puede entender que durante tantos años no se haya sentado con los partidos independentistas para buscar una solución? Estoy convencido de que éstos, fundamentalmente ERC, un partido histórico con ideología -el PDECAT y su firma electoral de JxC son otra cosa: un conjunto de personas nacidas y formadas para la política sin ideología-, habrían mostrado capacidad de acuerdo, ¿por qué Cataluña no puede tener un tratamiento fiscal como Navarra y Euskadi?, ¿por qué el PP y “su” justicia tiraron para atrás un Estatuto perfectamente válido, dejando en evidencia las aspiraciones catalanistas?, ¿por qué tuvieron que utilizar la fuerza bruta el 1-O cuando ya habían sido derrotados por goleada por el independentismo?, ¿por qué mantiene en la cárcel a personas que no deben estar? Una muestra más de que el PP jamás resolverá un solo problema; por eso, más que nunca, o la izquierda se pone de acuerdo para promover una moción de censura o seguiremos en el pozo. Y el tiempo pasa en contra nuestra.

Corremos un peligro: mientras el gobierno siga actuando escondido bajo las togas y a garrotazos, rehusando sentarse con el Presidente del Parlament, Roger Torrent, para hablar sobre la investidura de Puigdemont es impresentable porque, es dejar de lado oportunidades para una solución definitiva. Y por si faltaba poco, hasta el Consejo de Estado se opone a medidas del gobierno.

Mientras tanto, un personaje como Puigdemont, sin ideología conocida que no sea el independentismo -¿qué les habrá dado para que le tengan tanta devoción; hasta Joan Tardá ha dicho ya que hay que dejar a un lado a Puigdemont?-, anda por Europa sentando el pánico en el gobierno popular, jugando al ratón y al gato con él, que ya está siendo objeto de una enorme paranoia pensando que se les puede aparecer en cualquier sitio, incluido el Parlament. El ridículo sería espantoso como lo fue cuando aparecieron las urnas el 1-O.

Por cierto, creo que ya es hora de que de resolver “anomalías democráticas” como el que no valga lo mismo el voto de un ciudadano de Teruel, Madrid, Barcelona y Lleida. Este hecho lleva a la injusticia flagrante de pervertir resultados electorales.

 

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