Presidente BETIS 1954-Avelino.

Hay lugares donde cualquiera se predispone a compartir buenos momentos, alegrarse la vista y premiar al estómago. Si, además, constatamos leyendas, buena onda y ese relax que tanto agradece el urbanita estamos, sin duda, en el ‘Avelino’. Hablamos de un bar de copas sin música, con tapeo de nota en el hasta hace poco recóndito rincón sevillano de Heliópolis, que toma nombre del Bajo Egipto y nomina un barrio lujoso de El Cairo.

Cuando el gallego José Avelino Loureiro abre el negocio, Sevilla era hambruna, pobreza y represión postbélica

La historia del ‘Avelino’ va en paralelo a su leyenda. Abrió sus puertas en 1939 como ‘Bar París’ aunque al poco tiempo cambió por la marca inicial de ‘Bar Heliópolis’. Su empresario fue un pontevedrés afincado en Sevilla. Jamás perdió su cerrado acento gallego. Nos referimos a José Avelino Loureiro. El mismo que fuera ‘ayudante de cámara’ del General Francisco Franco cuando llegaba a Sevilla cuando le cocinaba y probaba el primero la comida para salvar la vida del dictador, evitarle venenos y remediar la obsesión que tuvo Franco al respecto. El negocio de Avelino explotaba la cocina y comedores de los ‘Hotelitos del Guadalquivir’ construidos para la Expo Iberoamericana de 1929 y que apenas fueron ocupados por visitantes.

El ‘Avelino’ está en la Plaza de los Andes. Comparte espacio hoy con el Restaurante ‘Doña Clara’, uno de los referentes gastronómicos al sur de Sevilla, donde se sigue sirviendo cerveza gallega en honor indirecto al primer regente del lugar. Pero el ‘Avelino’ insiste en una cerveza local Cruzcampo, cuyos dividendos se reparten en Amsterdam entre accionistas de la Heineken, aunque las ofertas de otras marcas son tentadoras.

Cuando el señor Avelino abre el negocio, Sevilla era hambruna, pobreza y represión postbélica. Heliópolis era un barrio apartado del centro histórico sevillano pero cercano a colonias de presos republicanos que lucharon, como última batalla y en condiciones infrahumanas, las inundaciones del Guadalquivir en su tramo bajo. También, obraron el colector sur capitalino por órdenes del ‘Virrey’ Queipo de Llano.

Constrrucción avelino-dña clara año 1929.

Heliópolis, hasta la década de los setenta del pasado siglo, estaba mal comunicado con el centro sevillano. Sus vistosas casas no tenían mercado en los cuarenta, ni cimientos pilotados pues fueron concebidas como viviendas provisionales para los visitantes de la primera Expo sevillana. El Ayuntamiento, a través del Patronato de Casas Baratas, alquiló y vendió las que pudo durante décadas. Por entonces, gran parte las ocuparon mandos militares destinados en cuarteles cercanos del sur sevillano.

Otra parte de los entonces residentes fueron familias reinstaladas de otros barrios pobres aunque ésta realidad, en el siglo XXI, cueste admitirla a un vecindario que presume de vivir, con legítimo orgullo, en una zona exclusiva, cotizada, tranquila y donde la privacidad es un cosmos real.

Durante la segunda gran guerra (1941-1945) los primeros fieles del quehacer de ‘Avelino’ fueron treinta jóvenes alemanes que degustaban menús y tragaban cerveza a cualquier hora. Ocupaban tres ‘chalecitos’ de Heliópolis discretamente. En un español macarrónico agradecían las jarras cerveceras que bebían como posesos para remediar los rigores del termómetro en Heliópolis, cuya temperatura hacía honor a su nombre.

Anuncio-Avelino-23-09-1945.

Aquellos germanos, años después, se descubrió eran agentes del ‘Abwher’, la inteligencia nazi, que dirigió el Almirante Wilhem Cannaris hasta ser fusilado por conspirar contra las locuras que patrocinó Adolf Hitler. La ‘antena’ andaluza del Abwher se ubicó en la segunda planta del Majestic (hoy Hotel Gran Meliá Colón 5* c/ Canalejas 1)

El cónsul en Sevilla Gustav Draëger, también de la Legión Cóndor, fue otro cliente que frecuentaba la compañía de los agentes nazis junto a agentes locales: Patricio Drexler, Adolf y Ludwig Clauss. La Cruzcampo sin pasteurizar y bien tirada del gallego Avelino Loureiro no pasó desapercibida en la entonces nutrida colonia germana en Sevilla. Pero los desayunos muy tempraneros de los espías del Abwher madrugaban a un dispuesto hostelero acostumbrado a servir a cualquier hora lo que precise el cliente. Ya atendió a su paisano del Ferrol Franco que podía comer a cualquier hora y que nadie supo si bajaba o subía por la escalera política. Y en el empeño estuvo casi cuarenta años de poltrona.

Además de los espías nazis, el ‘Bar Heliópolis’ se llenó de béticos ansiosos por aplaudir y seguir a su equipo. Los días de partido ‘en casa’ el Bar y comedor se llenaban de esposas e hijos de béticos militantes que iban al campo. Cuando jugaba fuera el Real Betis se retrasmitían al personal las mejores jugadas por teléfono y se celebraban los goles con esa intensa felicidad verdiblanca. La que dura poco al equipo del ‘manque pierda’. Esta práctica fue un rudimentario ‘Carrusel Deportivo’ palpitando beticismo.

José Avelino Loureiro se contagió de ese Betis del Ave Fénix, era íntimo de presidentes, jugadores y empleados del Betis, también asiduos del bar-restaurante. Era, el tema verdiblanco, la conversación y chanzas del ‘Bar Heliópolis’. Todo ese espíritu permanece, hoy por hoy, los días de partido.

El aplauso y ese vibrar con gloria y fiasco se amplía a las jugadoras del Betis Féminas y categorías inferiores del club. Todo lo del Betis palpita en el ‘Avelino’ como la sevillanía de sus fieles y rivales locales. La guasa sevillana pone el resto.

Avelino-Trofeo-Concepción-Arenal-1946.

 

AVELINO NO MURIÓ, SÓLO FALTA

José Avelino Loureiro fallece en 1980; dos años después su esposa. El barrio heliopolitano quedó huérfano de un gran conversador, de un tabernero que regaló muchas comidas restaurando cuerpos y almas, de un bético de pro y de un gran mecenas para muchos que precisaron de ayuda. Su hija Gracita se hizo cargo del negocio, aunque sólo lo conocía porque trabajaba allí desde los 12 años. Estuvo en la trastienda hostelera en vida de sus padres. Su especialidad se centraba en la excelsa pechuga bechamel.

Gracita Álvarez es mujer-coraje con suerte. Superó la orfandad con tesón. Las horas bajas del negocio familiar las superó con trabajo pero la soledad le apremiaba tanta demanda en la barra y sala. Pidió ayuda a quien pudiera proporcionársela. Y ahí apareció el dinámico Julio Moreno Perpiñá, un sevillano de Los Remedios que acabó afincándose a escasos metros del ‘Avelino’. Es polifacético: Abogado, Capitán de Yate, laureado surfero y musicólogo. Su trayectoria de emprendimiento la centró en su estrella empresarial en bares de copas de éxito en Sevilla (Agua, Cancún, Dolby, FM, Trópico, Líbano, Malandar, Wind y La Ola) y Cádiz (Aguas), más un hotel en el casco histórico e inversiones inmobiliarias.

Bar-Heliópolis.

Desde 1988 esa alianza, en la que Gracita conserva la propiedad y vivienda del negocio bajo licencia vitalicia de la Junta de Andalucía (propietaria de la Plaza de los Andes), transformó el ‘Bar Heliópiolis’ en uno de los más concurridos lugares de Sevilla que hereda el nombre de su inolvidable fundador. La buena atmósfera la comparten allí cualquier público: ‘seniors’ del barrio, estudiantes, profesionales, ejecutivos, parejas, pandillas, celebraciones, frikis y bellezones de ambos sexos.

La profesionalidad del ‘Avelino’ es una de sus señas de identidad. Se sustenta en una plantilla con camareros y cocineros atentos y serviciales con un cliente entrregado a un espaico único. En tiempos, parte de los barmans eran fornidos remeros, jugadores de rugby y piragüistas que -sin pretenderlo- invitaban a pedir más copas y tapas a chicas encantadas de tanto músculo, de guiños sensuales y sonrisas cómplices. Muchas hacían cola para ser atendidas por su ‘supermán’ favorito.

Panorámica Avelino.

La espaciosa terraza del ‘Avelino’ es ideal para el relax, la tertulia, la conversación íntima del amor, las confidencias laborales y -para muchas madres- perfecta por estar seguras que sus niños corretean y juegan en toda la plaza de los Andes sin temor. Mientras, ellas desconectan del trabajo maternal y laboral en muchos casos y demasiadas tardes.

Los abuelos y trabajadores del barrio repiten cañas y vino rememorando el Heliópolis de antaño, el espíritu vecinal y cuando vivían en una ‘isla’. Para ir a Sevilla tenían que andar hasta Guadaira y allí coger el tranvía hasta que un autobús les acercó la parada del transporte público a la ‘plaza’, la Glorieta de Heliópolis, hoy rotulada Alcalde Parias Merry.

Qué decir de estudiantes, PAS y profesores del campus Reina Mercedes en la Universidad de Sevilla, la Preu[niversitaria] y otros centros. Tienen en ‘Avelino’ una cita, oficiosamente, ritual. La clientela del negocio es también cosmopolita también por los estudiantes y profesores foráneos que disfrutan viviendo en Sevilla, aprenden practicando el español ‘de barra’ o mesa compartiendo copas y tapas allí.

Terraza Avelino.

Añadimos a ese colectivo más extranjeros por los favorables comentarios del ‘Avelino’ en redes sociales, internet y portales temáticos del tapeo, restauración, sugerencias al turismo, buscadores, etc… Los béticos siguen abarrotando los días de partido el local. Sin saberlo ocupan un espacio verdiblanco donde el alma de ‘Avelino’ revolotea, es omnipresente. Todo esto hace que la lista de espera para coger mesa en la terraza comienza a primera hora de la tarde y antes del mediodía, prácticamente todos los días de la semana. Haya Betis o no.

La concurrencia entiende que la ‘experiencia Avelino’ es algo más que pasar un buen rato allí. Alcanza los mejores recuerdos que pueden repetirse cada vez que se pisa el albero del bar o el interior decorado bajo estándares de la ‘Belle Epoque’. Los más ‘vintage’ cuando acuden a la barra del ‘Avelino’ saben que remediarán hambre y sed en un lugar importante, no les pasa desapercibido esperar a ser atendidos.

 

CARTA, BODEGA Y COPAS

El ‘Avelino’ sobrevive desde 1939 gracias a sus bondades y profesionalidad del servicio que atiende siempre con sonrisas y diligencia. Los precios y cantidades de las tapas o raciones son más que razonables en una Sevilla donde parece que picoteo es sinónimo de sablazo.

Las tapas, en su gran mayoría, no pasa de los dos euros por unidad mientras que las raciones apenas triplican ese precio aunque quintuplican la cantidad. Esta realidad es sin duda uno de los ganchos del ‘Avelino’.

Bar Avelino.

Muy recomendables son la plancha (champiñón, pinchos, secreto, solomillos, montaditos, mero, atún), ensaladas y el pollo relleno (tapa fría de rulo de pechuga que abraza vegetales cocidos, guarnicionado con patatas o ensalada y mayonesa). La cocina de fogón nos deleita con un excelente salmorejo, espinacas con garbanzos en su punto al sevillano y picantón modo más carrillada. Tablas de quesos, ibéricos, mini-serranos y fritos de nota (camembert, pechuga bechamel, flamenquín y croquetas) completan la carta. Sólo los domingos se sirven excelentes tapas y raciones de paella que en nada envidian a la de cocineros valencianos.

Una Cruzcampo bien tirada, una bodega donde están representadas las principales marcas y denominaciones de origen españolas, donde los Riojas son excelentes, y una oferta de licores o aperitivos muy completa redondean la oferta de bebidas y combinados para el cliente más exigente. Repetimos: la ‘experiencia ‘Avelino’ cala, nos atrapa y saca las mejores sonrisas. Pruébenla. Disfrútenla!

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