Desgraciadamente vivimos en un mundo donde recibimos tal cantidad de información en tan poco tiempo que en la mayoría de los casos no somos capaces de procesarla. Vivimos en un mundo de titulares, noticias en las redes, opiniones variopintas, todo un alud de información que es de proporciones infinitas, datos y más datos que en ocasiones llegan a agobiarnos y que a veces, ante la imposibilidad de analizarlos y procesarlos, nos hacen perder la perspectiva sobre la realidad a la que hacen referencia y lo que es más preocupante, nos lleva a posicionarnos ante un asunto de actualidad perdiendo el sentido común.

Es verdad que las redes sociales y en ocasiones el anonimato tras el que se esconden muchos usuarios ayuda a que las opiniones sobre cualquier tema se lleven al extremo pero el problema radica claramente en la cantidad de información que recibimos y en cómo la recibimos.

Por ejemplo. Nos enteramos de la noticia de un niño enfermo que quiere ser torero y al que homenajean para hacer realidad su sueño a través de un comentario en twitter de una persona antitaurina. Un comentario que por otro lado llevaba implícita una opinión del usuario y que era una barbaridad en toda regla, carente de sentido común y que hizo que se generase toda una cadena de reacciones y de comentarios posteriores de toda índole.

A esto me refiero. Desgraciadamente ya esa información nos llega sesgada, contaminada y hace que se cree toda una marabunta de opiniones y declaraciones donde el sentido común, que como decía Gómez de la Serna es el menos común de los sentidos, se pierde totalmente.

Es uno de los males de esta sociedad de la información (yo la llamaría mejor de la “desinformación”) donde todo es digerido de forma ligera, como si la actualidad nos la sirvieran en un restaurante de comida rápida y los camareros fueran escupiendo en los platos y nos obligasen a elegir la comida que a ellos más les gusta. Porque lo que está claro es que nos informamos en muchas ocasiones a través de opiniones de terceras personas y no vamos directamente a la noticia o bien nos quedamos en la superficie. Así es imposible estar informados y se fomenta toda esa cadena de “talibanismo” en las redes sociales que hacen que el sentido común y la reflexión desaparezcan.

Lo malo es cuando esa corriente de “talibanismo” en las redes se pretende canalizar para beneficio propio o se tiende al oportunismo político y barriobajero usando estas corrientes de opinión (que en la mayoría de los casos como digo ni siquiera han ido a la fuente de la noticia para informarse) con el objetivo de arrimar el ascua a tu sardina y fomentar un falso debate en torno a un hecho de actualidad. Lo realmente sucio es cuando un dirigente político usa su falta de sentido común para aprovecharse de la situación y tratar de confundir a la gente.

Por ejemplo, recientemente hemos visto cómo el alcalde de Palos de la Frontera, cuna del descubrimiento de América, aprovechando la cercanía de la celebración del día de la Hispanidad suelta una barbaridad en la prensa del estilo de “Si Ada Colau quiere quitar la estatua de Colón en Barcelona, que nos la traigan a nuestro pueblo”. Supongo que Carmelo Romero, alcalde de Palos y diputado del PP por Huelva se refería a traerse la estatua de Colón para el pueblo (no lo veo yo queriéndose traer a la Colau para Huelva).

Bromas aparte. Esta situación explica perfectamente cómo tras una información sesgada y muchas veces malintencionada se quiere sacar rédito político. Carmelo Romero sabe perfectamente que Ada Colau no va a retirar de su ciudad la estatua erigida en homenaje al descubridor y que ha sido una propuesta presentada por la CUP (con la que podemos estar o no de acuerdo), pero que ha sido rechazada por todos los grupos políticos del Ayuntamiento de Barcelona, incluido el que lidera Ada Colau, Barcelona en Comú.

Pero eso no importa. Se suelta la noticia o el titular en cuestión. Se confunde a la gente. Se crea opinión y se genera falso debate sobre un asunto de actualidad. Lo cierto es que personas escondidas tras el anonimato de las redes sociales suelten barbaridades es algo que desgraciadamente no podemos evitar, pero que las suelte un dirigente político me asusta un poco. Eso no es tener sentido común y mucho menos altura política.

Desgraciadamente en algunos dirigentes políticos el sentido común no es nada común.

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