La red se ha revolucionado estos días por dónde estará la dirigente de la CUP Anna Gabriel. El diario ABC ha asegurado en la mañana del jueves que la exdiputada se habría marchado a Venezuela y que se estaría planteando quedarse como exiliada para evitar la prisión porque está claro que ni Caracas ni Bruselas son Estremera. No mencionan fuentes y más que un artículo parece un ensayo argumentativo parcial y convergente: un juicio sumarísimo.

Imagínense qué maravilla para la caverna mesetaria: ¿Cómo tapar lo de que van a imputar a Esperanza Aguirre? ¿Y lo de que nos quedamos sin pensiones? ¿Y lo de la negativa del PSOE y del PP a cambiar la ley electoral? ¿Y la encuesta de Metroscopia que da a Ciudadanos seis puntos más que al PP? Después de tirar de la prisión permanente acaban de encontrar un filón: Venezuela, Cataluña, CUP, mujer, Anna Gabriel. La posibilidad de que Gabriel hubiera decidido exiliarse ha levantado todo tipo de especulaciones en la red, hasta que la CUP ha negado que su exdirigente estuviera realmente en Venezuela pero no han confirmado si estaría en territorio español. La última actividad en Twitter de Gabriel es de hace apenas unas horas y tampoco despeja esta duda.

Después de que el CNI nos descubriera el código del Gran Capitán falta que nos diga dónde está Gabriel y qué fuentes utilizó Salvador Sostres en su artículo para el ABC, quién es M. Rajoy y por qué a cada noticia que pueda socavar el statu quo surge una máquina de fango de las que nos hablaba Umberto Eco bajo el mandato “Calumnien con audacia, siempre algo queda. Y así los medios sirvieron la cabeza de Gabriel a las ordas tuiteras.

Lo cierto es que las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes solo hablaban en el bar, sin apenas dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente callados, pero ahora amparados en el anonimato, en la misoginia, en la catalanofobia, en la máquina del fango que los ampara y los esconde tienen el mismo derecho a hablar de Anna Gabriel que de Goebbels. Es la invasión de los imbéciles, de los fanáticos, de los lectores de titulares y retuiteos. De ellos Dios nos ampare o como poco, gracias a Ikea, nos refugie la República Independiente de todas y cada una de nuestras casas.

Veremos si el día 21 se presenta Anna Gabriel frente al juez Llarena. Mientras tanto Anna Gabriel está en mi casa.

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