Los efectos de la purpurina nunca decepcionan. Alegran el maquillaje, complementan la ropa y añaden a las manualidades ese toque centelleante que tanto agrada. Sin embargo estas partículas casi mágicas tienen un lado oscuro. Resultan altamente tóxicas para el ecosistema marino, como señalan científicos de todo el mundo.

La explicación se encuentra en sus componentes. La purpurina está hecha de aluminio y tereftalato de polietileno (PET) pulverizado, que tarda siglos en degradarse y cuya recuperación de la naturaleza y reciclaje es imposible debido a su minúsculo tamaño. Es entonces cuando se convierte en un subconjunto de basura plástica, conocida como microplásticos, que pasa a la cadena alimentaria de la fauna marina.

Según explicó a S Moda Celia Ojeda, responsable de campañas de Greenpeace España, estas partículas llegan a los océanos a través de las vías fluviales “se quedan en suspensión en las primeras capas del agua, y entran en la cadena trófica porque los peces las ingieren. Muchas veces se encuentran microplásticos en los estómagos de los peces e incluso en sus larvas. Los peces se están desarrollando con los microplásticos”. Para colmo, la capacidad del plástico de adherir otros compuestos químicos y luego liberarlos es grande, como señala Estíbaliz López-Samaniego, responsable de medio marino de la asociación Vertidos Cero.

Por su parte Richard Thompson, decano asociado de ciencia e ingeniería de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), dirigió un estudio en el que halló ese tipo de plástico en un tercio de los peces capturados en aguas británicas. Cree que una buena cantidad de ese material podría proceder de la purpurina.

Y Trisia Farrelly, de la Universidad Massey de Nueva Zelanda observó en otro estudio que los PET (tereftalato de polietileno) se dividen y sueltan químicos que modifican las hormonas de los animales, pudiendo llegar a provocar cánceres y enfermedades neurológicas. Opina que la purpurina “debería prohibirse porque es un microplástico y todos los microplásticos acaban en el medio ambiente”. De hecho en EEUU están prohibidos los cosméticos elaborados con partículas exfoliantes de origen plástico y Francia e Inglaterra los van a prohibir este año.

Algunas empresas de cosmética ya han afrontado las posibles prohibiciones con medidas alternativas, como la purpurina biodegradable. Caso de la empresa EcoStardust, cuyos productos desechan el PET con el que está elaborada la purpurina convencional. En su lugar, recurren a la celulosa como materia prima, principalmente de “árboles de eucalipto sostenibles que no han sido modificados genéticamente”.

Sin embargo, por el momento el vertido de purpurina constituye una contaminación sofisticada, invisible a simple vista, de efectos aparentemente inocuos, porque “la bioacumulación es muy lenta, por lo que es muy difícil de demostrar”, aseguran en Greenpeace.  También se ignoran sus efectos nocivos sobre el organismo del ser humano, ya que es un asunto que se halla “en plena fase de investigación”, según advierten en Vertidos Cero. Los científicos calculan que anualmente se arrojan a los océanos del planeta unos 8 millones de toneladas métricas de microplásticos, de los que, según Greenpeace, del 21 al 54% de ellos se encuentran en la cuenca mediterránea.

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