El viernes después de un programa de radio más que emotivo, la vida me daba una bofetada en toda la cara.

Mi amiga, confidente y crítica Claudia Kurzweil, había fallecido.

Mi ceguera me llevó a perder el control de mi propia respiración.

De nuevo la vida te demuestra que no está en nosotros, la decisión de seguir o plantarnos.

Mucho se ha hablado de ella en estos días. Su capacidad para la creación de joyas que dejan al descubierto su fuerza brutal interiormente.

Años dando todo, obcecándose en esa pasión que es la joyería, después de haber sido también bailarina, para que la vida le corte las alas literalmente las alas para seguir volando.

Pero detrás de Claudia se esconde una vida dura, a la que se enfrentó a todo aquello o aquellos que la querían frenar.

Pero ni los peores momentos, de los cuales muchos compartimos juntas, la dejaron fuera de juego.

Una madre que con esos pequeños iba de un lado a otro sin frenar su actividad. Un ser inquieto. Una auténtica leona y superviviente en una sociedad machista en donde avanzar, y siendo mujer, tiene sus consecuencias.

No habrá mujer en el mundo que la pueda igualar, porque Claudia sólo hay una.

Una sonrisa en su rostro que jamás borró. Una ciudad, mi Madrid, a la que ella amaba. Unos hijos que sacar adelante, arriesgando todo. Porque ella era puro riesgo. Sólo arriesgando podía alcanzar lo que alcanzó. Y hasta la luna hubiese alcanzado, de no ser por este cruel final.

En el tintero se me queda esa entrevista planificada, para hablar como amigas en mi rincón, suplicándome la preparase para ver como se tenía que expresar. Y es que en la tele sí había hablado, pero no en la radio.

Odiaba la medicina tradicional, llevándolo al punto de no permitir que sus partos fuesen de manera antinatural, yéndose a la otra punta de la isla para parir a su último peque, estando, viviendo ya en Icod de los Vinos.

Después ella iba al lugar en donde la creación ya fue fluyendo sin parón alguno, La Laguna, la mágica ciudad lagunera, se convirtió en su refugio.

Tantas anécdotas compartidas a su lado, que es posible plasmarlo aquí.

Ni una joya suya cayó en mis manos, porque una que pude tener en mi cuello, había sido reservada como compra de un amor roto. Sí, una de sus joyas fue utilizada para intentar comprar a su amiga.

Años compartidos en el que ambas pasábamos por situaciones similares, pero ella, Claudia, me demostró que me daba un millón de vueltas como mujer luchadora.

Hoy el artículo que debería hablar de política no cabe en este espacio. Como tampoco cabe la muerte de otro artista, porque mi artista, la que queda sellada en mi corazón de por vida, eres tú.

Tu mayor legado tu grandeza espiritual. Mi mayor deuda, no volvernos a abrazarnos, y contar los últimos acontecimientos de dos años para acá por nuestras malditas agendas ajustadas.

Mi querida Claudia, si aquellas y aquellos que te hemos tratado y querido, somos capaces de haber aprendido algo, ten por seguro, que tu trabajo habrá merecido la pena.

Las buenas personas nunca nos dejan. Y tú eres una de ellas.

Claudia, en ese cielo, tú brillas porque yo estoy convencida, que ese brillo de tus ojos azulados, ahí están.

Gracias por todo lo que me diste, que no fue otra cosa que amor, mucho amor. Y hasta el día 10 no era consciente de lo mucho que te quería y te quiero. Porque de nuevo, el rompí el dolor.

Gracias por plantarle cara a la vida durante tantos años.

Si la historia no te quiere recordar, ya nos encargaremos de hacerlo por ti. Porque tú, pasas a formar parte de esas mujeres que su vida fue un reto continuo, y del que jamás te rendiste.

Brilla amiga, brilla con fuerza, para que podamos seguir adelante.

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