El de Torija es un castillo de libro. Un personaje galdosiano, El Empecinado ordenó que lo volaran durante la francesada. Por cuestiones de estrategia, destruyó así el bastión que mandara reconstruir en el quattrocento nada menos que el Marqués de Santillana, el ilustre combatiente medieval y escritor renacentista. Con un pasado tan literario, y tras las últimas restauraciones, han decidido dar a su interior una nueva utilidad.

-Probablemente contiene el único museo dedicado a una sola obra-dice el guía.

Un estandarte enorme cuelga junto a la portada principal con la imagen del autor mochila en ristre. El viaje a la Alcarria , puede leerse, Camilo José Cela. Tras sus pasos, en este su centenario, entramos con los alumnos de La Oreja Verde.

Merece la pena. La prosa costumbrista del viajero se comprende mejor con las fotografías de los personajes conocidos y de los objetos de la época que han conseguido reunir en este espacio. Reflejan esa realidad en blanco y negro de la posguerra que inspiró la obra hace ya siete décadas. La maestra guapa, la caja de cerillas y el paquete de Ideales, aperos de labranza y herramientas de artesano, caras dibujadas por el sol bajo la boina. Pobreza, atraso, y sorprendentemente, mucha dignidad también.

-Nos puso en el mapa, don Camilo -comenta alguien.

De ahí, a Brihuega, apenas a un paso. El jardín amurallado de la Alcarria donde los Austrias y los Borbones se jugaron España hace siglos, y donde la República derrotó a Franco no hace tanto. Tiene iglesias de mérito y el alcázar de la Peña Bermeja bajo el que apareció la Virgen de la Princesa Elima.

Aún queda luz en esa jornada para llegar a Cifuentes en el centro mismo de la comarca. En una pedanía suya, fundó Alfonso el Sabio el Honrado Concejo de la Mesta. Su sobrino, el mal llamado Infante don Juan Manuel construyó el castillo que aún puede verse.

-Hay quién dice que escribió aquí parte de El Conde Lucanor -nos siguen contando- Pero no se su puede saber a ciencia cierta.

A dormir, a Pastrana que el frío se echa encima temprano en estas tierras. Conviene descansar el camino, pero antes hay que pasear de noche la Plaza de la Hora y su calle principal. En un bar junto al palacio, nos sirven un queso muy añejo, tanto que pica, con un tinto que se hace bueno por proximidad.

Sin madrugones, que esto se hace por placer, comienza el nuevo día con doña Ana Mendoza de la Cerda, la bellísima Princesa de Éboli. Artesonados, trajes de época, Santa Teresa, las sederías moriscas y el Prudente rey Felipe, para todo da el edificio recuperado como por milagro.

-Con lo que han hecho, ya se mantiene en pie otro siglo bien a gusto. Sin tocarlo -se escucha.

Calle Mayor arriba se llega a la Colegiata. A su puerta, bajo la placa que lo recuerda, murió el novelista, dramaturgo, poeta y académico José Antonio Ochaíta, coautor del Porrompompero. Dentro, han iluminado la soberbia colección de tapices. Contemplándolos, nos rodean decenas de soldados portugueses armados a la usanza del XV. Las expresiones, el miedo, el dolor no han cambiado, parecen actuales.

Mientras se escucha el concierto de órgano regalo del cura, se echa de menos algún comentario sobre el pastranero más ilustre de la Historia:

Y con pincel divino,

Juan Bautista Maíno,

a quien el arte debe

aquella acción que las figuras mueve.

Escribió sobre él un contemporáneo, Lope de Vega. Será que para disfrutar de lo mejor de su Manierismo hay que ir al Prado. Desde luego, de la predela que hay aquí, nadie dice nada.

Unas buenas migas bien acompañadas reconfortan el cuerpo después de tanto pasado y tanta plástica. Se come bien en Pastrana. Tanto que da pereza arrancar de nuevo para aprovechar también la tarde de este segundo día.

Las ruinas de Recópolis pillan cerca. Constituyen uno de los escasos vestigios de aquel período de los reyes cuya lista se aprendía de memorieta. El paisaje de la Alcarria impresiona desde ese alto visigodo. Como desde el vecino castillo de Zorita, una mole que recuerda las luchas entre moros y cristianos.

Y no da para más. Al regreso, cuando apenas hace media hora que comenzamos el camino, ya nos encontramos rodeados de coches por todas partes.

-Se acabó la paz -sentencia uno de los viajeros-

Cierto es. Mejor volver al libro que nos trajo. Al comienzo, escribió don Camilo una dedicatoria al doctor Marañón. En ella resume con elegancia lo que fue y lo que ha sido el viaje:

“La Alcarria es un hermoso país al que a la gente no le da la gana ir. Yo anduve por él unos días y me gustó”.

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