El informe que publica la organización Amnistía Internacional se enmarca en su campaña mundial Valiente, cuyo objetivo es detener la ola de ataques contra quienes defienden los derechos humanos por todo el mundo. En 2016 perdieron la vida 281, frente a los 156 que murieron en 2015.

En 2016 perdieron la vida 281, frente a los 156 que murieron en 2015

Desde que nació la Declaración de la ONU sobre Defensores y Defensoras en 1998 han muerto 3.500 personas víctimas de homicidio por defender los derechos humanos. Esto ocurre porque estados de todo el mundo están incumpliendo su deber de protección de forma evidente.

Este informe incluye testimonios de amigos, familiares y compañeros de los asesinados, entre los que hay personas defensoras del medio ambiente, activistas a favor de los derechos de las personas LGTBIQ, líderes de comunidades indígenas, etc. Muchos de los testimonios describen cómo los atacantes han eludido de forma reiterada la acción de la justicia.

“Todos sabían que su vida estaba en peligro” afirmaba Guadalupe Marengo, directora del Programa Global sobre Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. “Si los Estados se hubieran actuado con diligencia ante los informes de amenazas, se podrían haber salvado sus vidas” añadía la directora.

Natalia Estemírova, Berta Cáceres, Xulhaz Mannan, Pierre Claver Mbonimpa son solo cuatro nombres de los miles que ya no están. Bertha Zúñiga, hija de la defensora medioambiental Berta Cáceres denunciaba que antes de la muerte de su madre había una alianza clara entre intereses comerciales, agentes de seguridad privada, autoridades del Estado y el crimen organizado por lo que realizar una investigación exhaustiva resultaba “cada vez más difícil”. A lo que añadía “mi madre se merece justicia y es imperativo sacar a la luz la conspiración que tuvo lugar. Es fundamental para evitar más asesinatos”.

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