Operarios de los servicios de limpieza del Ajuntament de Barcelona comenzaban poco después de las 4 de la tarde a recoger latas, papeles, colillas y otras guarrerías que unos y otros había depositado frente al escenario que la Societat Civil Catalana había instalado hoy en un costado de la instalación ferroviaria.

Por las calles que conducen al monumento a Colón grupos de contrarios a la independencia continuaban agitando sus banderas mientras se dirigían a su autobuses o a la estación de Sants que es desde sale al AVE hacia Madrid.

La “invasión” se producía a partir de pasada la una de la tarde cuando los grupos de los que llaman unionistas, sin consignas, se dirigían hacia el centro de la ciudad de Barcelona, Barrio Gotic, Ciutatdela y el mar. Han invadido los bares y restaurantes y, que se sepa, no ha habido mayores incidentes. Habrá que esperar a esta noche cuando los autobuses y los trenes de alta velocidad hayan partido.

La marcha, concentración, manifestación de esta mañana ha dejado entre sus asistentes, sobre todo los residentes en la ciudad que ha acogido la iniciativa, un cierto gusto al haber podido comprobar que es posible hacer frente al frentismo y que lo que hace unos meses, años, era imposible, ha sido posible.

La pregunta en Barcelona, entre sus vecinos, una vez que los convoyes partan, es ¿qué va a pasar mañana?, cuando los miles de apoyos ya no estén. Tanto para los partidarios de la escisión como para los que no. La cita es el miércoles, en el Parlament y allí, entonces, el todavía president Puigdemont tendrá que abrir el sobre y decir aquello de: “El ganador es…”

Es decir, continúa la ofensiva, se aguardan espacios y tiempos más favorables o “la maté porque era mía”. En algunos ambientes políticos catalanes se comenta que el actual honorable pudiera optar por una fórmula de obligado cumplimiento: “La presión de Madrid ha sido tanta que me veo en la obligación de posponer todo”. Quizás haya que darle una salida al ex alcalde Girona para todo este lío tenga una salida.

Lo que ha ocurrido hoy en Barcelona no debería dejarse sin atender y considerar, independientemente de que se esté cercano a lo que se defendía o nó.

Pero son ciudadanos, muchos, que han obviado a su políticos y han optado por tomar la iniciativa. Y eso debería tomarse en cuenta. No solo decir que “han sido cuatro fachas”, aunque los hubiera entre ellos. Pero no todos.

Los políticos, todos, deben volver su vista a la calle y no solo para lanzar frases pringosas recurrentes y que solo valen para que las comenten entre ellos.

El pueblo catalán habló, con dificultad, el 1 de octubre, y ahora ha vuelto a hablar, junto con otros muchos más.

Si los políticos de plastilina, junto con sus asesores de lego, continúan dándose cera los unos a los otros, el que da y el que recibe, terminarán en un almacén de objetos perdidos que nunca nadie reclama. Salvo ellos mismos.

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