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Zelensky y Felipe II

José Antonio Zorrilla
José Antonio Zorrilla
Diplomático jubilado. Fue Embajador de España para Georgia y Estados del Caucaso con residencia en Tbilisi. Dirigió también cine que inauguró con "El barranco de Víznar" un cortometraje que ganó el Diploma de Oro del Festival de Moscú cuando J.A. Bardem hizo lo propio con su largometraje El Puente. Siguió un clásico del cine español, El Arreglo. El año 2000 dirigió Los Justos, primer documental en favor de las víctimas del terrorismo de ETA. Militante de Basta Ya, ha escrito varios libros, el último de los cuales es "Historia fantástica de Europa", una crónica contrafactual de Europa, Imperio euroasiático que va desde la victoria de Roncesvalles hasta Marx y Engels, matrimonio al que se debe el sistema económico de tan vasta geografía.
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análisis

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Leo en prensa del Vaticano, si, del Vaticano, no es errata, que Zelensky se propone eliminar de Ucrania a la Iglesia ortodoxa rusa. Esto si que es una sorpresa. Que el Maidan fue un golpe de Estado ultranacionalista es sabido y que uno de sus líderes es Tiajnibok, fundador del Partido Nacionalsocialista Ucraniano, también. Menos recordado es que en los cuatro minutos de conversación entre el Embajador USA en Kiev, Jeffrey Pyatt y la Subsecrataria de Asuntos Europeos, Victoria Nuland, su proyecto no incluía a Tiajnibok, al que menciona. Solo querían a demócratas moderados. Debe de ser que al dia siguiente Nuland se arrepintió porque su foto con el nazi dio la vuelta al mundo.

El curriculum del Maidan se va espesando. Primero fue enterarnos de que nunca había tenido la intención de aceptar la autonomía del Donbass prevista en los acuerdos de Minsk -solución autonómica propuesta por Francia y Alemania y que hubiese evitado la guerra. Si incluso un personaje como Kissinger llegó a decir que sin acuerdo entre las dos Ucranias la cosa terminaría en ruptura territorial, da idea del fanatismo de los nuevos ucranianos el que sin aceptar tal evidencia y su inevitabilidad, rechazasen Minsk y se embarcasen en la guerra. A esa declaración de Poroshenko ha de añadirse otra no menos asombrosa. Cuando la Comisión de Venecia le dijo que su Ley de Lenguas del 2017 discriminaba al ruso el contestó diciendo literalmente: «el ruso es la lengua del enemigo», etnicismo incomprensible en un campeón de las libertades de occidente y además estadista de un país en el que la Constitución garantiza la igualdad de ciudadanos y lenguas. No menos asombroso es que tales locuras las patrocinase el doble frente liberal del mundo. El americano, que ni tiene lengua oficial ni voluntad alguna de dotarse de ella, y el europeo. Políticamente el Reino Unido son cuatro naciones, Gales, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte y son conocidos sus esfuerzos por «recuperar» el gaélico en Gales. Alemania es federal y España autonómica desparramada, diría yo, por no decir anarquizante. En cuanto a la UE, se ilustró hace unos años diciendo que el gallego estaba en peligro de extinción y que el euskera era vulnerable. Pero hace unas semanas rizó el rizo asegurando que le preocupaba la situación de la lengua aragonesa, sea esa lengua lo que sea. Y, colmo de los colmos, los USA van contra sus propios actos e ignoran su propia legislación cuando consienten que el puño de hierro encargado de domesticar a los constitucionalistas ucranianos del Donbass, equivalentes de los constitucionalistas vascos de Euskadi, sea el Batallón Azov, al que el Congreso de los EEUU ha prohibido dar fondos por su ideología supremacista blanca, léase, nazi. Ni siquiera con la protesta oficial de la Embajada de Israel en Kiev esa unidad militar ha dejado de enarbolar símbolos nazis, específicamente los de la División SS Das Reich, el Wolfsangel y el Sonnenrad. No son mejores los de Pravi Sektor, otra sección mas de lo mismo, con las banderas nazis rojinegras de la Blut und Boden para guiarse. Como se ve si se trata de hacer daño a Rusia, aunque sea imposible hacerle daño salvo en matarle jóvenes, vale todo. Pero el Maidan da ahora un paso mas y cruza una línea que parecía imposible de cruzar. Al menos para un Régimen apoyado por Occidente: el religioso.

La ortodoxia es un mundo distinto de la ekoumene latina, sea esta protestante o católica. Y en general las iglesias que la componen son autocéfalas, es decir, iglesias con su propio Patriarca. Por ello son iglesias nacionales. El caso de Ucrania es distinto. Para el patriarcado de Moscú su jurisdicción incluye (sin entrar en detalles) Rusia, Ucrania y Bielorusia. Al llegar la independencia los ucranianos quisieron tener su propia iglesia, lo que no es criticable ni extemporáneo, sino normal. Pero se encontraron con que el sentimiento religioso no coincidía con el político. Si todos los ucranianos querían y quieren ser independientes políticamente, en el orden religioso las cosas iban de otra manera. De 18.000 parroquias ucranianas 12.000 se declararon pro Patriarcado de Moscú y solo 6.000 siguieron al Maidan. La Iglesia ecuménica de Constantinopla, una especie de cajón de sastre, abrió las puertas a esos nuevos ortodoxos ucranianos. Los datos de lo sucedido después de la invasión no son claros pero creo que otras 1.200 parroquias se han sumado a las reticentes. Por lo visto al Maidan esas 7.200 parroquias le sabían a poco. De ahí la iniciativa de Zelensky de arremeter contra la mayoría religiosa del pais. Algo de este ultranacionalismo o ultramontanismo lo habíamos visto ya cuando no hace mucho la Embajadora de Ucrania en la ONU reprochó al Papa el que citase a Dostoyevski. Por lo visto esa señora no sabía que para la Iglesia ortodoxa rusa Dostoyevsky es santo. Pero esto de Zelensky de lanzarse como un ariete contra la mayoría religiosa ucraniana parece exagerado. En los tiempos de gloria (por así decir) de España, Felipe II desobedeció a la memoria de su padre el Emperador Carlos V y cargó contra los holandeses en la esperanza de que dejasen de ser protestantes. La guerra duró ochenta y cinco años y todavía hoy los holandeses en su himno nacional aseguran que siempre fueron fieles al Rey de España. ¡Rara memoria y gravísimo daño reputacional que todavía arrastra esta patria! En fin, resumiendo. Cuatrocientos años después los Reyes de España recibieron a los Reyes de Holanda, les llevaron al Escorial y allí mismo, en el lugar de la infamia, les pidieron perdón. Pero ni siquiera Felipe II en toda su lujuria de fanatismo religioso soñó con quitarles el idioma a los de Orange. Véase como todo es mejorable, incluso la locura.

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