Fotografías: Óscar Peña González.

En ocasiones sucede que estamos en un lugar, en un momento concreto, siendo testigos de algo excepcional y se produce un efecto contrario al deja vu: tenemos la sensación de estar viviendo un hito histórico del que se hablará en el futuro, y que habrá personas que mentirán, casi sin darse cuenta, diciendo: yo también estuve allí.

Allí en verdad estábamos sólo unos cincuenta. Allí era la Puerta del Sol, al pie de la Osa/Oso del madroño. Allí estaban Scarpa, Gonzalo Escarpa, y Chema San Segundo leyendo el Manifiesto de Nicanor Parra. Y había focos y cámaras filmando. Comimos todos galletitas, doce (una con cada campanada) para despedir el año poético y dar la bienvenida al nuevo. Era 21 de abril, día mundial de la poesía, y desde las primeras horas de la mañana subidos en edificios, árboles y farolas, encaramados a cajones, sillas y armarios, los poetas habían estado piando y recitando. Muchos poetas. Los de mi amiga Lorena Carbajo habían formado una bandada en la que podía leerse Poesaña y ocupado todos los bares del norte de Conde Duque y Malasaña.

Y en cuatro centros de El Cortes Inglés… ya era poesía otra vez: se habían sucedido sin pausa los actos y recitales, siendo el último un enorme espectáculo en la calle, sobre un escenario; en el mismo lugar que se celebra Cortylandia cuando llegan Papá Noel y los Magos. De Cortylanda poética veníamos todos los que estábamos en la Puerta del Sol dando la bienvenida al Nuevo Año Poético… un ritual que con el tiempo acabará siendo un clásico.

Un rato antes había visto recitar y cantar e interpretar a Pía Tedesco, Javier Álvarez y al incomparable Manuel Vilas; aplauso.

Fotografías: Óscar Peña González.

Y un rato después, mezclado en la procesión de los cincuenta poetas por las inmediaciones del Palacio de Oriente, llegué al Café Pombo. Y en el Café Pombo me relajé por completo, y me sentí muy privilegiado: el ambiente era inmejorable, el café estaba abarrotado.

Había barra libre y cada conversación era poema y espectáculo. Me quedé hasta muy tarde, y si cierro los ojos aún me veo allí: siendo feliz y disfrutando.

Deseo lo mejor a quienes lean estas palabras en este nuevo año poético, con barras libres y versos rimados.

Esa Gente Normal

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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