Fotografías: Óscar Peña González.

Está sentada en la silla -Ana Rossetti- con la espalda entablada, y en ningún momento de la hora y media que dura el show roza siquiera, su espalda, el respaldo del asiento. No la conocía, no la había -en mi alegre ignorancia- leído nunca. Pero para eso están los lunes de lírica de Ámbito Cultural, los “ya es poesía del Corte Inglés”, para que los tipos asilvestrados como yo tengamos la oportunidad de adelgazar nuestra obesa ignorancia (gracias).

Qué buena, la tía (perdón, por lo de la tía, pero…. ¡¡¡Qué buena la tía!!!)

-Prefiero que no me aplaudan hasta el final -nos dice. Y la gente más o menos la va obedeciendo, pero yo… no puedo evitarlo; culpable como Malkovich en Las amistades peligrosas versión Stephen Frears. Simplemente no puedo evitarlo. Y aplaudo, pido perdón después de hacerlo, pero aplaudo.

Porque lo de la Rossetti más que poemas son cuentos o relatos, historias fascinantes compuestas por palabras que bailan con música propia. El cuento o poema o poento o cuentema ante el que aplaudo sin poder evitarlo trata de las mujeres que constantemente asesinan en Méjico; y lo que no consiguió 2666 de Bolaño -revolverme y removerme- sí lo consigue -en mí- Ana Rossetti con su texto delicioso y terrible.

Fotografías: Óscar Peña González.

Es lunes, es el Corte Inglés, es poesía…. y una vez más hay medio centenar largo de personas en la sala de ámbito en el piso 7 del edificio de Callao, levantado en el lugar donde antes estaba el bonito e inspirador Hotel Florida (pienso que el fantasma del hotel quizá tenga algo que ver con la magia maravillosa que cada lunes, orquestada por Scarpa, Gonzalo Escarpa, y Pita Sopena, se ofrece allí).

Un honor, una alegría; gran placer. Y dentro de dos lunes ¡otra vez! Ya ni siquiera llego tarde, salgo de casa con tiempo de sobra para no perderme ni un minuto, afilando los colmillos de mi curiosidad: a ver qué son capaces de enseñarme en el espacio cultural del Corte Inglés la próxima vez.

 

Coda: luego tuve la fortuna de, entre música de cañas, charlar largo con ella, y flipé. Excelente conversadora. Vuelvo a aplaudir y a quitarme el sombrero ante el talento de la Rossetti; qué mujer.

Ya es poesía en El Corte Inglés

 

 

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