Fotos: Óscar Peña González.

Me quedé deslumbrado por Amalia Bautista y su poema La mujer de Lot:

Nadie nos ha aclarado todavía
si la mujer de Lot fue convertida
en estatua de sal como castigo
a la curiosidad irrefrenable
y a la desobediencia solamente,
o si se dio la vuelta porque en medio
de todo aquel incendio pavoroso
ardía el corazón que más amaba.

Pero eso fue al final, o no exactamente al final, porque luego hubo más e incluso mucho más. Así que voy a intentar ser ordenado y empezar, o al menos seguir, por el principio.

Era el cumpleaños de mi muy buen amigo Max Puebla, cuatro de marzo; Max me acompañó hasta la planta 7 del Corte Inglés de Callao, y ya había empezado Flor Saraví: una obra de teatro en sí misma. Excelente.

Luego siguió, deliciosa y simpatiquísima, voz hipnótica de sirena, Eleya. Y a continuación la cantante poeta rapera Celia Bsoul. Alucinante.

Se lo habían puesto difícil, listón rozando las nubes, a Amalia Bautista, poesía pura sin canciones ni teatro. Y sin embargo saltó el listón, sin rozarlo siquiera, con una facilidad pasmosa: por eso he empezado con ella.

El pretexto del último lunes de lírica -en el futuro la maravilla que organiza Scarpa al abrigo de Ámbito Cultural se llamará, creo, L de Lírica- era el día internacional de la mujer, y por eso en el cartel figuraban los nombres de las cuatro magas anteriormente citadas. No había tanta gente como otras veces, pero el nivel subía y subía, la sensación de privilegio por estar allí era mayor que nunca. Nadie se quería ir.

Amalia Bautista. Fotos: Óscar Peña González.

Y nadie se fue porque empezó el micrófono abierto. Nunca he visto un micrófono abierto de tanto nivel: yo no me sé los nombres de todos los que subieron al escenario, pero sí sé que el nivel seguía subiendo y subiendo, y ya las nubes comenzaban a quedar bajo nuestros pies, mucho más abajo de nuestros pies.

Se creó un clima de intimidad insuperable, cómplices todos los unos de los otros. Hasta el propio Scarpa recitó un poema, que ya había utilizado para la presentación, como cierre de la gran fiesta del alma que han sido siempre los lunes de lírica de ámbito cultural.

Y no pude evitarlo: subir al escenario (de espaldas como he hecho siempre en la sala de la planta siete de callao) y decir una pequeña y única frase: Me gustan las mujeres que tienen la edad de mi corazón.

Me gustan los lunes de lírica del corte inglés.

Me gustan todas las personas que han participado como espectadores o artistas en los lunes de lírica.

Me gusta cualquier persona que esté leyendo estas palabras.

Mi aplauso para todos ellos. Gracias Ámbito, gracias Scarpa.

Cartel de Kiki Blanco.
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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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