Hace ya días hicimos desde Las Almas y la F1 un artículo de manos unidas en actitud de plegaria pidiendo a los dioses que Hamilton no ganase en Albert Park.

Vale, si no hay otro remedio

que Lewis gane su séptimo mundial

pero que sea en el último gran premio

y por un sólo punto de diferencia.

Queremos ver lucha, dificultades, rivalidad

espectáculo

incertidumbre

esperanzas.

Nosotros lo escribimos, pero creemos que rezábamos todos, o casi todos, para que Hamilton no ganase en Albert Park porque nadie quería ver un rodillo aplastando el campeonato.

Rezamos, y los dioses nos escucharon…; aunque de una manera brutal, de un modo que ninguno sospechábamos.

Estaban allí, en Albert Park, los monoplazas, los pilotos, los mecánicos… ¿y un sólo caso de coronavirus -que por otra parte no revestía la menor gravedad- fue suficiente para desmontarlo todo y ponerse a hacer el petate con la cabeza gacha?

No comprendemos lo que está pasando. Ni en el circo de la F1 ni en ningún otro sitio. Pero tiene muy mala pinta. Hasta New York City y el barrio al que robé mi apellido: Manjatan, se ha parado. El mundo se ha parado.

Así que hoy volvemos a rezar, aunque quizá ya sea demasiado tarde y los dioses ya no puedan atender nuestra plegaria. O sí. Los dioses o Dios o el azar… nos gusta pensar que lo pueden todo.

Nuestra petición hoy -nuestra PLEGARIA- en Las Almas y la F1, es sólo una: que las cosas vuelvan a ser como antes. Y ya no nos importa si Hamilton gana el primer gran premio de la temporada; nos conformamos con que la haya, con que vuelvan a llenarse de vida las calles interminables de Manhattan, mi Manjatan.

Amén.

Tigre tigre.

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