Hoy por hoy, los científicos no se ponen de acuerdo sobre si los virus son seres vivos o solo​ materia orgánica que interactúa con los organismos infectándolos, enfermándolos y matándolos. Aunque no existe un consenso unánime, los investigadores tienden a no considerar a los virus como estructuras biológicas vivas, de modo que no sería un “bicho”, tal como decimos cuando nos referimos coloquialmente a él no sin cierta dosis de odio y desprecio por los estragos que estos entes invisibles ocasionan a la humanidad. Por tanto, a la espera de que aparezca un Einstein de la biología y desentrañe el misterio de los virus, no podemos más que decir que se trata de “organismos al límite de la vida”, una idea que resulta todavía más inquietante y estremecedora y que nos da una noción sobre lo extraño que es el enemigo al que nos enfrentamos.

Por un lado los virus poseen genes, se multiplican y evolucionan por selección natural. Hasta ahí se comportan “como” cualquier otro ser vivo. Sin embargo, carecen de célula, de modo que no pueden cumplir con las funciones metabólicas de los organismos con estructuras más complejas y organizadas. Se sabe que no tienen membranas celulares, ni cromosomas, ni ribosomas u orgánulos. Son entidades simples compuestas de un tipo de ácido nucleico (ARN o ADN) y proteínas. En esa fascinante simplicidad y en su poderosa capacidad para mutar reside su terrorífico poder destructor, tal como vienen demostrando desde hace millones de años, mucho antes de que apareciera el bípedo sapiens. De hecho, hay quien considera que los virus son los auténticos emperadores del cosmos.

El pasado 14 de diciembre, el ministro británico de Sanidad, Matt Hancock, anunciaba que habían detectado una nueva variante del SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la enfermedad de la covid-19. El primer brote fue detectado en el condado de Kent y apenas veinticuatro horas después ya estaba transmitiéndose exponencialmente por Londres. Más de un millar de personas cayeron víctima de la mutación del covid en las primeras fases del rebrote. Los expertos han pedido calma tras el hallazgo de la nueva cepa pero lo cierto es que las alarmas ya se han disparado en todos los países del mundo. España acaba de suspender los vuelos procedentes del Reino Unido y la sombra del confinamiento retorna de nuevo. El virus mutante, que ya ha sido bautizado como VUI-202012/01 (demasiados números, pronto lo conoceremos por un alias mucho más manejable y cotidiano), es más contagioso que su hermano, ya que se transmite más rápido, de modo que a mayor transmisibilidad mayor contagio. No obstante, a pesar de que infecta un 70 por ciento más, no es más grave ni más letal, según aseguran las autoridades sanitarias.

El nuevo enemigo intangible del ser humano es producto de una mutación, es decir, un error del covid-19 al copiar su propio código genético o una adaptación del virus ante la respuesta del sistema inmunitario humano, que va desarrollando anticuerpos poniéndoselo cada vez más difícil al agente patógeno. Así es la batalla por la supervivencia en el mundo micro, una partida de ajedrez con infinitas piezas. La respuesta normal de los virus es ir modificando las proteínas que se encuentran en su parte más externa para, de algún modo, “engañar” a los anticuerpos y conseguir infectar al organismo vivo. Es así como se infiltran en la maquinaria celular para poder “copiarse” a un ritmo frenético. Desde que estalló la pandemia, el SARS-CoV-2 ha producido 12.800 variantes, que se tenga constancia oficial. En España, por ejemplo, se detectaron al menos 62 mutaciones del virus solo en los tres primeros meses de la pandemia, según un estudio del Instituto de Salud Carlos III. Pero lo peligroso de esta nueva cepa es que ha sido capaz de crear hasta 17 modificaciones genéticas respecto a la original, lo cual la convierte, sin duda, en peligrosa.

El momento que vivimos recuerda bastante a esas películas de terror en las que, cuando parece que el héroe o heroína ya ha conseguido derrotar al monstruo, este se rehace y vuelve con más fuerza que nunca. De cualquier modo, no es seguro que la nueva cepa pueda dejar sin efectividad a las diferentes vacunas que como la de Pfizer o Moderna se están administrando a la población mundial. “Por ahí podemos estar tranquilos”, aseguran los expertos, que advierten de que habrá que esperar a ver cómo se comporta la nueva amenaza y qué efectos puede tener en una persona vacunada. No se descarta que sea necesario desarrollar un nuevo antídoto eficaz partiendo de los ya fabricados, lo cual llevaría su tiempo. Sería algo así como una pesadilla en bucle.

A esta hora es más que probable que el VUI-202012/01 esté circulando por nuestro país. El propio gobierno de Boris Johnson ha dado por hecho que el virus mutante ha sido detectado en Gibraltar. Cualquiera que haya estado por El Peñón alguna vez sabe del intenso contacto y trasiego humano que hay entre un lado y otro de la verja. Es solo cuestión de tiempo que aparezca el primer caso, probablemente en Andalucía, Baleares o la zona de Levante, que son las que más afluencia de viajeros ingleses han recibido en las últimas semanas. De momento se sabe que el agente mutado circula desde hace al menos un mes por Bélgica, Países Bajos e Italia. La aparición del VUI-202012/01 va a abrir un nuevo capítulo en la historia de la pandemia. No nos queda otra que seguir resistiendo y adoptar todas las medidas de prevención que aconsejan los médicos. Porque puede ocurrir que los virus no sean seres vivos y se encuentren en esa fantasmagórica frontera entre lo vivo y lo inerte, tal como sugieren los biólogos. Pero por sus movimientos tácticos en su guerra sin cuartel contra los humanos y por sus comportamientos casi de adiestrados soldados en campo de batalla diríase que nos enfrentamos a una inteligencia superior.

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