Ha aparecido una noticia al menos inquietante: VOX (voz en latín, quizás nombre que le han puesto a ese partido en honor al Duce), frena el crecimiento de la derecha democrática; en varias encuestas, solo en el presente mes, la transferencia de votos del PP a Vox pasa del 1.6 al 4.3%, y se va incrementando, aumentando las posibilidades de que Ciudadanos supere al PP. Una pésima nueva que destriza la imperiosa necesidad de regresar al bipartidismo y que sitúa al partido de Rivera, desdibujado en programas e ideología por mucho que apeste a joseantoniano y en consecuencia incapaz de aportar a la gobernalidad, en una futura situación de toma de decisiones gracias a los pactos, lo que derivaría en que la nación se movería cómo Rivera, al vaivén de las coyunturas y de la alarma social, lo cual representa una actividad de mediocridad que desconcertaría al ciudadano y nos conduciría por aguas de varios afluentes sin llegar, en ningún caso, a la justicia social.

Ahora la pregunta es cuántos escaños sacará VOX en las próximas generales. Su líder, Santiago Abascal, que no es un lumbreras, está copiando las máximas de los populismos de la extrema derecha europea, lo cual en tiempos de recesión cala en parte de las clases desfavorecidas y en bastantes conciudadanos de la de siempre: el gran capital. Urge, aunque sea el más perfecto de los sistemas y el más imposible de aplicar, en ocasiones, regresar a la terminología marxista. En su reciente entrevista al rotativo El mundo, Abascal afirmaba: “La política es la guerra”, lo contrario al diálogo y a la búsqueda común en una mesa a los problemas de la cotidianidad, la política con mayúsculas al cabo. El lenguaje belicista revela ya su condición de fascista. Y sigue: “Españoles, primero”. Por supuesto, pero contando que también son españoles los inmigrantes con DNI que viven y trabajan intramuros y los que llegan y tras mucho esfuerzo consiguen la nacionalidad, algo que Abascal les pretende robar. Aspira a ilegalizar a los partidos secesionistas, como si los nacionalismos fueran algo nuevo y anti constitucional, al aborto y al matrimonio gay, y a “Salvar a España” rechazando el estado de las autonomías. Abascal, vasco con reminiscencias carlistas, debe haberse olvidado que en el ADN de los vascos están los fueros, históricos, y que por ello se les concedió el concierto a Vascongadas y Navarra. La ira a ETA, no es el único que ha sufrido su persecución, disecciona su factor humano, el odio a casi todo y to@s. Incluso se jacta de haber llevado pistola.

El tipo, manda narices, reniega de ser facha aunque sus poros lo respiren. Todavía, hace un año, había personas que afirmaban que en España no se producían las condiciones que originasen una organización de ultraderecha, que, sin ir más lejos, en algunos postulados, VOX, se parece a los CDR y a HB/Bildu (limpieza de sangre por ejemplo). Los fascistas han llegado con el fin de quedarse. Estemos atentos y juramentémonos para echarles al mar que escribiría Celaya, pero desde el civismo, la ley y las urnas, lo que ellos jamás nos concederían y sustituirían por un paredón.

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