Felipe VI y Santiago Abascal | Foto: Casa Real

El partido de la ultraderecha española ya ha avisado que se opondrá y no participará en creación de la ley de la Corona o de la reforma del estatus de la Monarquía. Según ha afirmado en una entrevista concedida a Europa Press, el portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, el actual gobierno ya ha atacado a todas las instituciones del Estado, entre las que se encuentra la Monarquía.

Para el diputado ultra, Felipe VI y su familia son el garante de la unidad de España. Espinosa de los Monteros está convencido de que el deseo del gobierno es acabar con la Monarquía para instaurar «17 repúblicas».

Sin embargo, esta defensa a ultranza de la institución monárquica puede esconder también el blindaje de la única institución que sobrevive de la dictadura, la «joya de la Corona» del franquismo, porque, una de las herencias que dejó Franco fue que la Jefatura del Estado estuviese ocupada por Juan Carlos de Borbón. El pueblo, tras la muerte del dictador, no tuvo oportunidad de decidir sobre el régimen que quería para la nueva democracia que nacía después de la destrucción del aparato legal franquista. Pasaron los años, se votó una Constitución, llegaron partidos teóricamente republicanos al gobierno y nada, el pueblo sigue sin tener oportunidad de poder elegir a su Jefe de Estado.

Para lograr ese blindaje, los Borbones han tenido siempre la predisposición de los políticos de casi todo el orbe ideológico que se convirtieron en los guardias de corps del Palacio de la Zarzuela. Algunos partidos llegan al ridículo intelectual de afirmar que si se pone en cuestión la legitimidad de la Corona se está poniendo en duda toda la Transición. Otros, de raíz republicana, no sólo quedan desacreditados por sus actos, sino que se han convertido de manera incoherente en el principal cimiento para que una institución heredada del franquismo siga viva.

Sin embargo, es esa propia defensa cerrada de la Monarquía por parte de las formaciones herederas de la Transición la que está poniendo en peligro a la institución porque la están debilitando desde un punto de vista de legitimidad democrática, algo que necesita del voto de la ciudadanía para ser obtenida, como hacen el resto de representantes públicos del país.

Juan Carlos de Borbón, por ejemplo, ocupó la Jefatura del Estado antes de la muerte de Franco en dos ocasiones. La primera en julio de 1974, cuando el dictador estuvo ingresado. En esa ocasión se ejecutaron actos tan importantes como la renovación de los acuerdos de cooperación con Estados Unidos. La segunda ocasión en que Juan Carlos de Borbón fue Jefe de Estado ocurrió en octubre de 1975. A partir de ahí, los borbones no abandonaron el cargo. Esos 20 días antes de la muerte del dictador a Juan Carlos de Borbón le dio tiempo para entregar el Sáhara Occidental a Marruecos, en contra de las propias leyes de la ONU, pero garantizándose el apoyo de Estados Unidos, tal y como rebelaron los documentos desclasificados de la CIA.

Una vez muerto Franco, Juan Carlos de Borbón juró defender las Leyes Fundamentales del Reino y los Principios que alumbraban al Movimiento Nacional. Tras hacerlo los procuradores en Cortes gritaron ¡Viva Franco! y ¡Viva el Rey!

Adolfo Suárez reconoció en una entrevista cómo había manipulado las cosas en el referéndum para la reforma política de diciembre de 1.976. En concreto, el ex presidente dijo que «cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…, hacíamos encuestas y perdíamos». Para evitar dar la voz al pueblo español incluyeron la palabra rey y monarquía en la Ley de Reforma Política y así justificaron que ya se había hecho un referéndum, algo que, como se ve, no fue así. En segundo término, para terminar de culminar la manipulación, no dieron la oportunidad de que los y las ciudadanas españolas pudieran elegir el modelo de Estado en el referéndum de 1.978 sobre la Constitución. Esto fue un trágala en toda regla porque se metió en el paquete de la Carta Magna también a la Monarquía.

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