Foto: Twitter Vox

Los analistas políticas sabían que la entrada de Vox iba a provocar múltiples espectáculos, tanto físicos como dialécticos. Sin embargo, el partido presidido por Santiago Abascal ha llegado al culmen de lo inesperado al afirmar que el próximo miércoles la formación ultra votará en contra de la prórroga del estado de alarma porque ese mecanismo constitucional está siendo utilizado por el gobierno de Pedro Sánchez para, ojo a esto, «vulnerar las libertades». ¿Vox defendiendo las libertades? ¿Vox partido paladín de las libertades?

Esta autoproclamación de los valores democráticos no es más que un nuevo oxímoron de la maquinaria de propaganda de la ultraderecha. Ahora se pretenden presentar como defensores de la Constitución que muchos de sus votantes y algún veterano dirigente votaron en contra en 1978.

Sin embargo, esa autoproclamación no es más que un posicionamiento claro respecto a qué valores está defendiendo la formación liderada por Abascal: la de las clases dominantes.

Si el estado de alarma no se prorroga, todas las medidas sociales aprobadas por el Gobierno dejarán de tener sentido y se dejará a las pymes, a los autónomos y a las clases medias y trabajadoras expuestas a la ruina. Si el estado de alarma no se prorroga, los ciudadanos y ciudadanas de este país estarán expuestos al riesgo del contagio y de la muerte si son obligados a ir a trabajar, un hecho que provocaría que en España se colocara en el mismo nivel de irresponsabilidad de Estados Unidos donde, por anteponer la economía a la salud, ya han superado el millón de contagios.

El partido de Abascal ya se ha posicionado, por ejemplo, en una postura de que los más ricos paguen menos impuestos, lo que deja a las clases trabajadoras con la responsabilidad de la recaudación del Estado.

Lo que realmente propugnan Abascal y los ultras es crear un escenario del caos en el que la extrema derecha se mueve muy bien. Ya lo hizo Hitler con la crisis económica de 1930. El objetivo es generar una situación de desafección máxima para que los mensajes populistas de la propaganda ultra calen mejor en los que, en realidad, son sus verdaderos enemigos: las clases medias y trabajadoras.

Por tanto, autoproclamarse paladines de las libertades no es más que otro movimiento propagandístico para intentar atraer apoyos porque, en verdad, ¿alguien se cree que Vox defenderá las libertades democráticas?

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