Resulta curioso comprobar cómo Vox no para de repetir que los Presupuestos de Sánchez traerán “hambre y ruina” a los españoles mientras no ha presentado ni una sola propuesta para mejorar las cuentas públicas. ¡Qué pena y qué despilfarro de 52 escaños tirados a la basura! ¿Para qué necesita un país un partido político que va cada mañana a las Cortes a verlas venir, a pasar el rato, a tomarse unos cafés con los colegas y a grabar unos cuantos vídeos absurdos para subirlos a Youtube? Cada día que pasa está más claro que sus señorías verdes son adolescentes de la política, inmaduros de la democracia que llegaron a la vida pública española a pasárselo bien haciendo el gamberro, a practicar el turismo parlamentario y a despotricar todo lo que se pueda contra el Gobierno. Ellos que son tan taurinos acostumbran a ver los toros desde la barrera y disfrutan saboteando cualquier intento de construir un país que no siga su tradicional modelo franquista.

La última es que hace apenas una semana los ultras abandonaban la Comisión de Presupuestos alegando que no participarán en ella “ni total ni parcialmente”. De esta manera, Vox renunciaba a presentar enmiendas a pesar de que se opone frontalmente a las cuentas “de la ruina”. En su lugar, el polémico grupo parlamentario ha anunciado que prefiere centrar sus energías en la elaboración de vídeos propagandísticos en las redes sociales para “desenmascarar” a los filoetarras de Sánchez.

Para haberse erigido en los legítimos representantes de la España que madruga, sus señorías del partido ultra trabajan más bien poco, por no decir nada. Cuando no les dan la razón o les retiran el uso de la palabra en aplicación del estricto reglamento parlamentario mandan a la presidenta de la Cámara a tomar por donde la espalda pierde su casto nombre, abandonan en tropel los hemiciclos y a otra cosa mariposa, como ha hecho ese diputado iracundo de la Asamblea regional andaluza. Viva la democracia. Llegados a este punto, a los diputados de Vox se les debería dar un pase especial de turista, como a esos cientos de visitantes que acuden al Congreso de los Diputados los días de puertas abiertas para hacerse unas fotos sentados en el hemiciclo y admirar los balazos que dejó Tejero en el techo. Los nostálgicos de Abascal nunca proponen nada, jamás arriman el hombro (ellos que son tan patriotas) y siempre amenazan con reventar cualquier iniciativa del adversario en lugar de transaccionar con él y llegar a acuerdos por el bien del país, que para eso les pagan los ciudadanos. Podría decirse que el político de Vox es como ese señorito envarado y cargante que se planta a pie de obra, palillo en la boca y las manos atrás para no manchárselas, dando instrucciones a los obreros que se parten el alma en el andamio. Sin duda, estamos ante un partido fake tan falso como los bulos que propaga en Twitter, pero como la democracia española se lo consiente todo al falangismo trumpista de nuevo cuño ahí están ellos, calentando la bancada, pasándoselo pirata con el bloqueo a las instituciones y ganando una pasta sin dar ni golpe. Este año hasta les dan una cesta por Navidad.

A nadie se le escapa ya que Vox está aquí para sabotear la democracia tal como hoy la conocemos. Aunque no lo digan abiertamente, ellos también quieren acabar con el Régimen del 78, solo que en lugar de dar el salto hacia adelante, o sea la República, proponen darlo hacia atrás, es decir, la dictadura de Franco. La razón de ser del partido de Santi Abascal no es otra que defender los principios generales del Movimiento Nacional, además de la fiesta de los toros, la caza y el poder macho y blanco. Más allá de eso, poco sentido tiene el proyecto personalista de un hombre que vivió de la mamandurria de Espe Aguirre hasta que le quitaron el chupito de la subvención y en un arrebato de cólera se propuso reventar España. Ayer mismo, la Unesco propinó un duro revés al partido ultra español al rechazar que la tauromaquia forme parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Según este organismo internacional, los toros ni son patrimonio de nadie, ni cultura, ni humanidad, en todo caso una salvajada y una atrocidad contra los animales que conviene prohibir cuanto antes. Ahora Abascal hará de la decisión de la Unesco una de sus típicas cruzadas nacionalcatolicistas y hasta propone que España se retire de la ONU, como hace Donald Trump con Estados Unidos cuando alguien no le da la razón en la Cumbre de París o en el foro de la OMS. Una vuelta a la autarquía y a la España paleta de Bienvenido, Mister Marshall, ese el gran sueño dorado de los ultras patrios. Tal es así que Vox ha propuesto poner a patrullar a la Marina Española en aguas del Estrecho para recibir a cañonazos a los pobres de las pateras en un macabro juego oceánico, un inhumano “hundir la flota” con personas en lugar de barquitos de papel. Los almirantes de la Plana Mayor ya le han dicho a Abascal que las fragatas están para lo que están, entre otras cosas para salvar las vidas de los náufragos que se vayan encontrando en alta mar, no para terminar de rematarlos.

Está visto que Vox es el partido del humo y el escándalo permanente, pero cuando llega el momento de presentar propuestas concretas para mejorar el estado de su decadente y amada España siempre terminan dando un portazo y largándose con viento fresco de la Comisión o del Pleno de turno. Es la política como problema y como inutilidad absoluta. Pablo Iglesias es quien mejor los ha calado. Cuando a alguien como Espinosa de los Monteros, el dandi hispter del partido, le entra el ataque de ira o perreta del señorito porque no le hacen ni caso, lo mejor es decirle eso de “cierre la puerta al salir”. Ya se sabe que a los niños que entran en trance o rabieta hay que dejarlos solos hasta que se les pasa. ¿No quieren aislamiento? Pues toma autarquía.

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