¡Ciudadanos, a las Armas!, son las palabras que se pronuncian en un himno nacional, el francés, también conocido como la Marsellesa, una partitura está en donde la proclama de la rebelión del pueblo frente al opresor está presente y en la cual la lucha es hasta las últimas consecuencias en defensa de la familia, el patrimonio personal y el país. Patrióticas palabras en definitiva las que envuelven el sentimiento de una Francia que echada a las calles con chalecos amarillos hace suya esa revolución ciudadana necesaria frente a la opresión de las tasas, los impuestos, la precariedad laboral o incapacidad del estado de dar respuesta a los problemas de una ciudadanía que sufre en sus carnes la falta de política de altura capaz de entender las claves de un mundo en cambio. Y todo ello, cuando han pasado siglos desde que Joseph Rouget de Lisle , creará el himno de La Marsellesa que para el batallón «Enfants de la patrie» , esos hoy reencarnados en una masa social de complejo control que ha estallado en un conflicto con reminiscencias al Mayo del 68 en un París lacrimógeno y en llamas.

Las causas varias, diferentes, pérdida de poder adquisitivo de las clases medias y obreras, aumento de las cargas impositivas, falta de políticas de integración activa de los grupos en riesgo de exclusión social, bajada de la calidad de los servicios de educación y sanidad pública o la erosión de un sistema de bienestar forman un Coctel perfecto en donde las esperanzas depositadas en las promesas electorales del presidente Macron , hoy puestas en dudas, sirven como perfecta llama en un caldo de cultivo en donde la ultraderecha de Jean Marie Le Pen se frota las manos ante las próximas elecciones. No por menos, el discurso populista de la enfant terrible de la política francesa parece cada vez calar más en un descontento popular en donde la radicalidad de las posturas a la izquierda y a la derecha parece será una constante con en principio mayor beneficio para una ultraderecha populista que nada cómodamente en realidades de conflicto como las que hoy se viven no sólo en Francia sino en toda la vieja Europa.

Pero más allá de esta análisis, necesario y profundo, lo cierto y verdad es que las últimas manifestaciones en Francia han dejado claro que el pueblo unido ha sido capaz de doblegar a un gobierno , el del presidente Macron que entonando el mea culpa ha esbozado una batería de propuestas sociales que vienen a dar respuesta a quienes en las calles como si de un remake de Los Miserables se tratase pedían Igualdad, Libertad y Fraternidad. Unas proclamas que fueron entonadas por un pueblo que fue capaz de expulsar a los violentos de ultraderecha que en nada representan a la ciudadanía libre que tomo las calles en este nuevo Mayo francés uniendo a votantes socialistas, conservadores, liberales o comunistas en una suerte de sainete multicolor que ante todo mostraba el descontento popular de la República.

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