Cuando las togas se arrugan y las puñetas se deshilan, cuando el sentido común solo responde a cuestiones monetarias y mercaderes, se genera un caos en la Justicia donde los perjudicados son los de siempre, los más desprotegidos, aquellos que necesitan un plus de acompañamiento por parte de nuestro Estado de Derecho y de una Justicia que garantice la viabilidad de la lucha contra los atropellos creados por los poderes intrínsecos de una sociedad económicamente dependiente de los grandes poderes bursátiles.

La pirámide de poder está coronada por un único Ente, que como si de un Ojo de Horus se tratase, todo lo contempla y todo lo puede. No es que se trate de una sociedad secreta ni nada por el estilo, están entre nosotros, deciden si podemos acceder a una financiación para adquirir un techo donde cobijarnos en los fríos días de invierno o dónde colocar nuestra sombra cuando los estragos de la época estival atizan con toda su fuerza contra nuestras cabezas enrojecidas por el trabajo de sol a sol. Y claro está, como si el derecho a una vivienda digna, ese que contempla tan idílicamente nuestra Constitución, pegado y engalanado con papel couché, fuese un derecho de la banca para esclavizar a la sociedad que debería decidir su devenir en una democracia que día a día pierde credibilidad porque parece ser de todo menos demócrata.

Y la verdad es que, nuestro país, necesita un giro de una vez por todas. La corrupción que salpica todos los estamentos de los poderes del Estado es alarmante y denigrante contra la población. Una sociedad, que dice ser democrática, no puede ni debe consentir tan salvajes y descarados desaires por parte de sus dirigentes y de sus poderes del Estado. Si la sociedad no se mueve, no se organiza y no genera sinergias entre sí para derrocar el Estado que poco a poco se nos está imponiendo a base de aborregar a sus lacayos, nuestras vidas y aspiraciones como país solidario y democrático se perderán por las cloacas de nuestras propias miserias como nación.

Y no me refiero a cambios partidistas en sí, me refiero a que con legislación y jurisprudencia, con poderes que de una vez por todas manen del pueblo -cuán romántico suena todo esto- pongan coto a la barra libre que tienen –per se– las entidades bancarias de nuestro país, que se permiten el lujo de abarrotar de cláusulas abusivas todas y cada una de las escrituras de adhesión para la financiación a consumidores y usuarios. Y a ello, sumar que nuestros legisladores les permiten tener un solo juzgado (llamado BIS, que ocurrencia) por provincia para que sus pleitos se paralicen durante años provocando la desesperación de familias que no llegan a fin de mes, pagando un sobreprecio en sus cuotas hipotecarias y provocando, por ende, y aun siendo reiterativo en la expresión, que esas familias angustiadas, que en muchos casos no tienen ni para comer ni vestir, ni para dar estudios superiores a sus hijos, a cambio de poseer un mísero techo en el que vivir, firmen cualquier “acuerdo” unilateral que el director de sucursal de turno ponga sobre la mesa y que sólo beneficia a la banca. Se trata de condiciones unilaterales abusivas, disfrazadas bajo la denominación de “acuerdo” o “transacción” que luego son utilizados por algunos señores y señoras togadas para establecer que el consumidor dio su consentimiento a que le asaltaran y le estafaran, sin tener en cuenta qué condiciones particulares motivaron la firma de esos papeles. Papeles, acuerdos, transacciones… llámenlo como quieran, pero en cualquier caso, viciados y obtenidos a través de la necesidad de millones de familias.

La Justicia está entrando en una espiral de desconfianza por parte de los justiciables, por parte del pueblo, y en lugar de ser garante de los derechos de todos los españoles, con casos como el del Impuesto de Actos Jurídicos Documentados en las hipotecas, por ejemplo, lo único que genera es incertidumbre e inseguridad jurídica. La caída de la Bolsa no puede ser un elemento a tener en cuenta a la hora de impartir Justicia. La sociedad española está por encima de cualquier elemento económico valorable y cuantificable. Y si hay que valorarlo y cuantificarlo, empecemos por quienes más lo necesitan, ese es el Estado de Derecho y Democrático que quiero, un Estado solidario y de la gente, en el que todos sumemos y que se construya desde sus cimientos sociales.

Y no, no me conformo con ser un Calderón de la Barca más, porque los sueños, aunque sueños son, se pueden hacer realidad si se persiguen.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

1 Comentario

  1. La mafia bancaria es cosa de niños comparada con la del aceite de oliva.Dominada a su antojo como salio publicada la semana pasada por una gente q tiene impunidad para etiquetar y vender lo q le de la gana como virgen extra.Hace años q se denuncia con nulos resultados.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

4 × 1 =