violencia

Está a la orden del día. Se habla de la violencia que presuntamente hay en las calles en Catalunya. Se habla de ello en las redes, las teles, los periódicos, en las radios, en el Congreso e incluso en el Consejo de Ministros.

Se dice, se comenta, que los manifestantes independentistas son violentos y se aglutinan en corpúsculos denominados CDR a los que incluso se les ha acusado de ser una suerte de kale borroka a la catalana. Han levantado barreras de las autopistas, han bloqueado vías y liado algún “pollo” alterando en algún momento la vida cotidiana de algunos pacíficos viandantes. Sí, se han manifestado, han reclamado que se aplique lo que consideran un mandato popular y lo han hecho como se ha hecho toda la vida, también en democracia: tensionando la calle. Pero no, no son terroristas. No han amenazado a nadie, no han apaleado ni secuestrado, ni puesto bombas, ni acuchillado a nadie.

Quienes sí lo han hecho son la extrema derecha en repetidas veces apedreando los cristales de Catalunya radio, insultando a gente con el lazo amarillo en la solapa, policía nacional pegando al fotoperiodista Jordi Borràs, un Guardia Civil amenazando de muerte en público por las redes al diputado Gabriel Rufián, y un larguísimo etcétera. Esto es violencia. Por no hablar de toda la violencia institucional que se vierte en declaraciones incendiarias por parte de algunos dirigentes políticos que, lejos de apaciguar, solamente buscan provocar y encender una llama donde ellos mismos echan el combustible.

Inés Arrimadas habla de “comandos separatistas”, Borrell inventando escupitajos de diputados independentistas, Casado llamando constantemente a aplicar el 155 para secuestrar de nuevo las instituciones propias de los catalanes, Abascal avanzando imparable montado a caballo como Pavía desbrozando el terreno en base a la españolidad y la bravura militarista del “a por ellos”. Todo ello propio de quién ganó una guerra hace 80 años y nunca nadie le ha hecho sombra. Así como el mismo Jefe del Estado dando carta de naturaleza a esta ola de represión a todos las niveles cuando salió el 3 de octubre por la tele en el que había de ser su particular “23F” generacional. Todo el poder judicial inventando delitos, todo el aparato del Estado, el del erario público y el que no, dedicado a criminalizar el independentismo. Esto es violencia. Y solo es el principio, el rodillo represivo ya asoma por los titiriteros, actores, cantantes, etc. Esto es violencia.

Pero por si había alguna duda rechacemos toda violencia o todo aquello que pueda ser interpretado como tal. La verdad no cambia nada, es irrelevante que yo lleve un pañuelo para taparme por qué la policía política no me enchirone si levanto la barrera de un peaje o grito una consigna por la calle. La verdad es accesoria. En el Estado español las teles, radios y periódicos más vistos, oídos y leídos son los afines al régimen y dirán que soy violento y merezco un duro castigo. Buscan encender la llamarada, buscan que caigamos en la trampa. El proceso político catalán es largo y complejo y hay que lucharlo con las herramientas que tenemos y no con las que NO tenemos. Y tampoco podemos usar aquellas que NO queremos: la violencia es una de ellas, ni tan siquiera la apariencia de la misma. O nos entra esto en la cabeza o les daremos lo que buscan, la excusa sobre la que se levantan la mayoría de atropellos a los derechos civiles en las capitaldemocracias: la protección de la seguridad ciudadana por encima de cualquier derecho. La verdad no importa. Y esto también es violencia.

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