Los minutos de silencio ante crímenes machistas son necesarios a efectos de homenaje a la mujer asesinada, pero no resultan efectivos en la lucha contra la violencia machista rampante. El número de mujeres asesinadas asciende a 10 en lo que va de año y, según datos oficiales, 1.043 mujeres han sido asesinadas por hombres desde que comenzaron a contabilizarse en 2003.

A propósito de las recientes declaraciones de la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, acerca de superar los minutos de silencio para dar paso a los minutos de condena; la siguiente reflexión repara en la necesidad de añadir a ese simbolismo institucional, las medidas eficaces más allá de lo planteado en el Pacto de Estado, con el fin de erradicar esta gravísima situación que atenta contra las mujeres y sus hijos.

En un panorama actual donde la clase política reaccionaria y ultraconservadora del Estado español intenta hacer creer a cierto sector de la población que la ley contra la violencia de género no sirve, mientras hablan en términos de violencia intrafamiliar, se hace de extrema necesidad aplicar los protocolos de seguridad, protección y defensa de las mujeres maltratadas que, evidentemente, tienen un mayor riesgo de ser asesinadas, así como la apuesta por una formación temprana transversal en los centros educativos.

Así lo definió hace años el fundador y presidente de la Escuela de Igualdad Real, Manuel Domínguez Moreno, cuando comenzó a diseñar un proyecto integral basado, precisamente, en la seguridad y en la formación como elementos centrales para la prevención del terrorismo machista, un proyecto en el que ya se está trabajando para su implementación en España.

Porque las víctimas de la violencia machista no son solo cifras de mujeres asesinadas, sino que existen muchas otras que están padeciéndola con graves problemas para denunciar a su maltratador; bien por falta de confianza, bien por miedo o falta de creencia, pero, al fin y al cabo, amenazadas bajo el yugo auspiciado por el sistema patriarcal y la ultraderecha negacionista que lanza mensajes en contra de las denuncias por su supuesta ineficacia.

Si se contempla una situación de riesgo de una vida humana, no se puede esperar a que un juez o jueza dicte sentencia o aplique órdenes de protección para que se activen medidas eficaces, pues ya se ha comprobado que las órdenes de alejamiento no funcionan porque no se está controlando a la víctima ni al maltratador y potencial asesino, como se requiere.

En este sentido, es fundamental la implementación de protocolos en el ámbito habitual de la mujer y en los lugares comunes de la vida cotidiana, tales como los centros educativos donde van sus hijos, centros sanitarios, comunidad de vecinos, así como implementar e incluso incentivar, la denuncia de terceros. Con esto no se trata de entrometerse en la vida de nadie, sino de salvar vidas de mujeres y meter en la cárcel a los hombres que las amenazan y las matan.

Por esto y mucho más, la formación temprana es fundamental y los colegios son el punto inicial desde donde erradicar el machismo, el ideal de amor romántico y todo lo que pueda atentar contra una sociedad que debe basarse en la igualdad. De este modo, la formación temprana es garante de una futura sociedad feminista basada en esta igualdad real, donde los niños y las niñas conozcan los beneficios, por ejemplo, del poliamor y de esta manera poder desprenderse de los celos o de conceptos tan dañinos como mujer como objeto de posesión.

No es baladí que el avance de la ultraderecha y sus discursos de odio vayan acompasados con el repunte de asesinatos machistas de los últimos tiempos. Motivo suficiente para desmentir sus afirmaciones y ejercer el feminismo desde la base, como herramienta poderosa con la que enfrentar la sarta de sandeces que sueltan los ultraconservdores en cada uno de sus discursos cargados de machismo, falsedades e incoherencia.

Asimismo, no podemos dejar atrás la aplicación de metodologías de segunda oportunidad para las mujeres. Esto guarda relación con la seguridad, pues si a la mujer que sufre esta violencia se le garantiza que, tras denunciar, el Estado la va a proteger, y esas medidas de protección están acompañadas de la posibilidad de rehacer su vida rompiendo la dependencia económica, a través de planes de creación de empleo específico, las denuncias serán mayores y los asesinatos se reducirán.

Aquí entra en juego la lucha por recuperar el espacio urbano que le ha sido negado históricamente a la mujer, tanto en el acceso a la ciudad como espacio público, político, de encuentro, de movimiento y de libertad, explicaba la arquitecta y urbanista, Zaida Muxí, en el prólogo de “Urbanismo Feminista” de Col- lectiu Punt 6 que, en referencia al ecofeminismo, viene a decir que el cambio de paradigma hacia una ciudad feminista, lejos de ser utópico, repararía en la atención a los cuidados y a la transformación social, poniendo en el centro la vida, y las redes sororas entretejidas desde la empatía y la diversidad.

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