Villarejo, su parche en el ojo y la bandera de España en la mascarilla, este miércoles al salir de la cárcel de Estremera pese al riesgo de fuga.

El excomisario Villarejo ha dormido en su casa por primera vez en muchos años. Y, según cuenta a los periodistas, cuando ha abierto los ojos y ha comprobado con alegría que no estaba en la litera de la cárcel, ha sentido el auténtico placer de la libertad. A veces es preciso pasar una temporada en el infierno, como Rimbaud, para entender dónde está lo bueno de la vida. Atrás quedan las empresas de relumbrón, la fama, los coches de lujo, los millones, las francachelas con la jet y los chanchullos con el poder. Ninguna riqueza vale tanto como la paz que da dormir en la casa de uno, a salvo de los peligros de un mundo hostil.

A primera hora de la mañana, el ciudadano jubilado José Manuel Villarejo Pérez, un preso en libertad condicional desde la tarde de ayer, ha comparecido ante el juez de la Audiencia Nacional que instruye la causa Tándem, uno de los muchos asuntos que tiene pendientes con la Justicia. Todo hombre que sale de la cárcel es otro muy distinto, y ahora el controvertido comisario luce un nuevo look: traje oscuro, mascarilla negra con la bandera de España que le da un toque aún más rebelde si cabe y parche pirata en el ojo por las secuelas que le ha dejado la hipertensión, más su sempiterna boina calada, esa que no le abandona nunca y que le ha hecho famoso en el mundo entero.

Pero no solo el aspecto exterior del personaje parece haber cambiado. También su carácter, su personalidad, su alma. En su tono de voz y en su expresión está la huella del hombre que ha sufrido los rigores de la prisión. Es obvio que nunca será un defensor de la libertad ni un Nelson Mandela perseguido y torturado por el Estado, tal como quiere aparentar ante los periodistas, pero sin duda ahora habla el sufridor al que han intentado domar a palos, el atormentado al que han hecho morder el polvo, el yunque que ha sido templado a fuerza de martillazos. Es cierto que el orgullo sigue ahí y que insiste en la matraca de que en sus grabaciones hay material suficiente para que salgan cien piezas judiciales “porque treinta son muy pocas”.

Villarejo avisa de que piensa “desenmascarar” a sus enemigos y denuncia lo mismo que dicen todos aquellos que han pasado por la cárcel: las vejaciones, las humillaciones y torturas, el trato degradante. Como si a la trena lo llevaran a uno a hacer deporte o a sacarse un máster en Derecho. La cárcel es la cárcel, Villarejo, tronco, el peor lugar en el que puede dar con sus huesos un ser humano. Y él mejor que nadie, que ha llevado a tantos pobres diablos al chabolo, debería saberlo. “Me han puesto en pelotas. Me han mirado mil veces el esfínter a ver si tenía un teléfono. Me han robado todo, pero si me roban el dejar de creer también en la Justicia, mi vida no tendría sentido”, ha asegurado ante los reporteros expectantes que esperaban su entrada a las puertas del juzgado.

Poco se sabe de lo que le ha dicho al juez, ni de esa misteriosa libretilla verde tipo moleskine que ha sustituido a su célebre carpeta con la que se tapaba el careto los primeros días del escándalo. Hoy tocaban las piezas 26 y 29 de Tándem, una mínima parte del crucigrama o sudoku imposible en que se ha convertido su kafkiano proceso judicial. Fuentes judiciales bien informadas aseguran a Diario16 que en condiciones normales el caso Villarejo daría para varias décadas de investigación porque es el sumario de corrupción por excelencia de la democracia española. Ni el caso GAL, ni Roldán, ni Gürtel, ni otros juegos de niños. Villarejo siempre estará en el top ten porque en sus grabaciones hay datos más reventar España varias veces.  

“No voy a ir contra nadie, nada más quiero defenderme (…) Hoy empieza para mí el punto cero”, avisa el comisario a todo aquel que quiera tocarle la gaita. Si por “punto cero” entendemos que los escándalos no han hecho más que comenzar, se entenderá fácilmente a lo que nos estamos enfrentando. Operación Cataluña, Caso emérito, Kitchen, Corinna, cloacas del Estado, financiación del PP, guerra sucia contra Unidas Podemos… Cada hito de la historia negra de este país pasa necesariamente por la cabeza y por las manos de este policía caído en desgracia que un día fue el puto amo de España e incluso se permitía tutear a los señores del poder, a todos menos al rey de España (aunque bien mirado, y visto lo visto, quizá a este también).

“No pensé que estaban tan zumbados como para montar este show”, asegura Villarejo en un claro mensaje para el exdirector del CNI Félix Sanz Roldán, al que ha calificado de “lord protector de la Corona”. A partir de ahora, ya en libertad, piensa dedicarse a lo que se dedican todos los que pasan por su trance: a defenderse, a probar su inocencia, a desmontar la gran conspiración. Es la misma historia desde que el mundo es mundo. El juguete roto que se revuelve contra su creador; la pieza del mecano averiada que tras ser exprimida es arrojada a la basura del sistema; un David que se enfrenta a Goliat. Villarejo tiene trabajo para entretenerse estos días de vacaciones penitenciarias y libertad condicional. “¿Escapar yo? Eso es lo que quisieran ellos”, sentencia mientras recuerda que las cloacas del Estado no generan mierda, “la limpian”. Le han abierto las puertas de Laos, como a Roldán, pero este parece más listo y no picará el anzuelo. Está convencido de que para el gran Leviatán es más peligroso libre que entre rejas.

Apúntate a nuestra newsletter

1 Comentario

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre