Foto: Podemos Canarias

El Ejecutivo de Pedro Sánchez continúa con sus avances en la lucha contra la desigualdad y con la potenciación de la sensibilidad feminista con el nombramiento como delegada del Gobierno para la Violencia de Género de la magistrada Victoria Rosell. El camino que inició Carmen Calvo y todo su equipo en el Ministerio de Igualdad, como Soledad Murillo y otras muchas mujeres continúa, con otros nombres y otras personalidades, pero sigue adelante.

Victoria Rosell tiene la difícil tarea de ser la responsable de impulsar de manera definitiva el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y, quienes la conocen bien, dan fe de que así lo hará o de que esa será una de sus primeras prioridades.

El feminismo hay que demostrarlo todos los días, no sólo con las palabras, sino también con los hechos coherentes con el mismo. La elección por parte de la futura ministra de Igualdad, Irene Montero, de Rosell es un verdadero acierto, puesto que, en primer lugar, tiene sensibilidad feminista y, en segundo término, conoce el funcionamiento de los juzgados y las necesidades que tienen los profesionales de la Justicia para poder convertirse en el muro contra los criminales machistas.

Si preguntáramos en la calle qué es el feminismo, la gran mayoría de las personas, mujeres y hombres, dirían que es una ideología que defiende la igualdad de género. Sin embargo, también habría un porcentaje elevado que lo conceptuaría desde la igualdad real en lo ideológico dentro de una auténtica filosofía y de un modelo de actuación y comportamientos en la sociedad basado en la ética, los derechos humanos, la diversidad y la conciencia social. Por esta razón, feministas pueden ser tanto las mujeres como los hombres. Como dice Lydia Cacho «ellas ya han hecho bastante, ahora les toca a ellos». Es cierto, sin duda, que fueron ellas las que iniciaron, lucharon y se sacrificaron primero. Ahora ha llegado el momento de que los hombres nos impliquemos en esa revolución pacífica, pero revolucionaria. Por suerte, cada vez somos más los que nos ponemos del lado de las mujeres para que juntos consigamos una igualdad real cimentada en el respeto a los derechos humanos.

Victoria Rosell reúne todas las condiciones para hacer grandes cosas desde la Delegación de Gobierno. Este hecho es muy esperanzador, no sólo para las mujeres, sino para toda la sociedad. Su espíritu feminista y de lucha contra la violencia machista lo hizo patente durante la sesión de investidura en la que lució con orgullo las mariposas violetas que teje una víctima del terrorismo machista, Itziar Prats, una madre a la que un asesino machista mató a sus dos hijas porque ella había denunciado que estaban en peligro.

Las mariposas violetas son un símbolo de la lucha contra la violencia contra las mujeres en todo el mundo. Un reflejo de ello es que son el símbolo de la periodista colombiana Jineth Bedoya, activista que fue secuestrada, violada, torturada y que es uno de los referentes mundiales, por supuesto, junta a Lydia Cacho, en esa lucha.

Rosell ya ha demostrado su concienciación, su feminismo y, sobre todo, su implicación en la defensa de los derechos humanos, no en vano fue la juez que tuteló el CIE de Gran Canaria y emitió duros informes contra los abusos que sufrían los inmigrantes en los CIE. Además, es una superviviente de las cloacas del Estado que terminó con la condena de quien la había denunciado ante el Supremo.

La nueva delegada del Gobierno para la Violencia de Género tendrá un trabajo difícil pero estará acompañada de todos y todas las feministas de este país porque la lucha contra la violencia de género es algo que compete a toda la sociedad y que, con los elementos adecuados, podrá proteger mejor a las mujeres víctimas, darles una mayor seguridad, enfocar la lucha desde la formación y la protección y, sobre todo, en la mejora de protocolos que son fundamentales para activar las alarmas en casos de maltrato físico o psíquico que, por desgracia, derivan en asesinatos de mujeres. Estos aspectos los está desarrollando la Escuela Superior de Igualdad Real, Humanidades, Comunicación y Cine en su plan de formación temprana, eficaz y real y de soluciones de seguridad urgente a bajo costo que son, evidentemente, los auténticos pilares para la erradicación de la violencia de género y el terrorismo machista.

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