En la poesía de José María Cumbreño, recopilada recientemente en su Curso práctico de invisibilidad (2000-2020), encontramos una ironía de alto voltaje, pasión por las paradojas de lo cotidiano y unos cuantos recados al mundo literario hispánico.

Elaboradas a lo largo de dos décadas, la poesía de Cumbreño ofrecen una lente girada que ofrece perspectivas cuestionadoras de la percepción subjetiva del tiempo y de la realidad, v. gr. en el poema en prosa titulado “Contar”: Contar. Hacia delante para tratar de que el futuro se aleje del pasado; hacia atrás para intentar que el pasado no olvide lo que siempre fue. Terminarlo no todo con una palabra, sino con un número, no nombrando, sino contando.

No pueden dejar de citarse los innovadores poema-dibujo, que en ocasiones ocultan invectivas relacionadas con el ámbito del consumo y otras visiones siempre juguetonas de otros asuntos. Hay que verlos.

En esta complinación de Cumbreño comprobamos la sana estructura de un poemario bien estructurado, pero que juega constantemente con las expectativas del lector y logra deslizar nada más leerlos una visión que difícilmente puede olvidar. En cualquier caso, el misterio (con ese omnipresente toque humorístico)está muy presente en alguno de sus poemas breves, como el titulado “Ni árbol ni ceniza”: Conoció el carbón la savia y el fuego / pero no es árbol ni ceniza. Por otro lado, en un poema extenso como “Breve biografía apócrifa de Walt Disney” tira de ironía y produce una curiosa mezcla de voces que parecen hablar a la vez de situaciones laborales, culpa y Luke Skywalker.

Otros poemas se refieren a las convenciones de la vida diaria, enfocándolas desde un punto de vista que siempre funcione como espejo deformador de la realidad, con una ironía, más que deformadora, multiplicadora: al leer a Cumbreño el mundo se desliza velozmente, sin apenas darnos cuenta, hacia nuevos mundos que no habíamos visto. Desde luego, lo más valioso, además del ritmo variado de su lírica, sería este enfoque de la realidad que se centra en nuevas formas de gastar (o invertir) el reloj de la cotidianeidad.

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