El Vaticano conocía la pederastia del fundador de los Legionarios de Cristo, también que se drogaba y la ignoró durante 63 años, según ha reconocido el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz.

“Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia”, ha asegurado Braz de Aviz en una entrevista concedida a Vida Nueva el mes pasado, cuando estuvo en Madrid hace un mes para clausurar la asamblea general de la Confederación Española de Religiosos (CONFER). “Tengo la impresión de que las denuncias de abusos crecerán, porque solo estamos en el inicio. Llevamos 70 años encubriendo, y esto ha sido un tremendo error”, dice Braz de Aviz.

La ocultación de abusos, desde pedofilia a drogadicción, pasando por suplantación personalidad, poligamia e incesto, fue posible a lo largo de décadas por la protección de la Curia pese a las denuncias.

Con la información de que disponía la Santa Sede desde 1949 sobre la pedofilia de Marcial Maciel, podría haber actuado, impidiéndole fundar la congregación de los Legionarios de Cristo, que le sirvió de tapadera a una vida llena de abusos, dolor, pérdida de fe, cuantiosas vidas rotas y un escándalo que la Iglesia hubiera podido evitar.

Juan Pablo II mostraba a Marcial Maciel como “el apóstol de la juventud”, a la vez que el Vaticano y el mismo Santo Padre eran conscientes desde 1943 de que Maciel se drogaba, robaba y abusaba sexualmente de menores, incluidos algunos de los hijos que tuvo con dos mujeres.

En los 50, la Iglesia inició una investigación contra él, pero acabó en nada por sus amistades dentro de la curia Romana. Tampoco actuó en el 99 el papa Ratzinger a pesar de tener documentación.

En 2005, el papa Benedicto ordenó que Maciel se retirara, pero sin someterlo a ningún proceso porque la Iglesia lo consideró demasiado mayor. Juan Pablo II siempre le defendió, tanto en público como en privado. El Santo Padre, que fue declarado santo hace unos años de forma sorprendentemente rápida, ocultó los delitos del fundador de los Legionarios de Cristo.

El único papa que le desacreditó fue Francisco. “Era una persona muy enferma. Además de todos los abusos creo que también había dos o tres mujeres de por medio e hijos con ellas. Sé que había ahí y mucha plata (dinero)”, apuntó el pontífice hace dos años.

Ocho afectados han hecho un reconocimiento público de su condición de víctimas tanto de Maciel como de la orden de los Legionarios de Cristo, que organizó una campaña prolongada para difamarlas desde que se hicieron públicas sus acusaciones en 1997. Estos hombres han sufrido dificultades financieras y médicas a medida que se hacen mayores y no reciben ayuda.

En una carta, fechada el 26 de marzo, las víctimas de los Legionarios de Cristo y de su fundador, Marcial Maciel, solicitaron que se reabriera una comisión de compensación para considerar sus casos. No se sabe por qué, pero los ocho hombres nunca se presentaron ante la comisión y la orden nunca los buscó.

Las víctimas, todos ciudadanos mexicanos, presentaron la queja oficial original de la Iglesia contra Maciel en 1998, que condujo a su sentencia canónica y las eventuales revelaciones de sus crímenes. Pidieron que se les reconociera públicamente como que habían servido a la Iglesia y a la Legión en su larga lucha por revelar la verdad.

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