La festividad hoy domingo 24 de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, es una inmejorable oportunidad para hacer un balance de lo acontecido durante el último año, que como en el resto de sectores, ha estado marcado por la COVID-19.

Si nos detenemos en los aspectos desfavorables es obligado hablar en primer lugar del intento de control de la información por parte de las autoridades y la falta de transparencia, lo que ha dificultado en gran medida el trabajo de los periodistas. Asimismo, la precariedad laboral y destrucción de empleo, que veníamos arrastrando desde hace años, se han visto aceleradas debido a la crisis económica provocada por la pandemia. Las plantillas de muchos medios de comunicación han sufrido ERTEs e incluso despidos. Por su lado, los periodistas freelance también se han visto afectados por la reducción de los encargos recibidos. Además, ha habido incluso pequeños medios que se han visto abocados al cierre, lo que supone lamentablemente una disminución de la pluralidad informativa. No obstante, lo que más nos debe preocupar es que seguramente la situación irá complicándose aún más y la crisis económica seguirá provocando la destrucción de empleo periodístico y el aumento de la precariedad laboral, con las consecuencias negativas que esto conlleva.

En cuanto a las conclusiones que se pueden extraer del análisis de lo sucedido en 2020 y que suponen un interesante aprendizaje, hay que destacar el papel jugado por el periodismo de rigor, ético y deontológico. La pandemia ha vuelto a demostrar que el periodismo es un servicio esencial y, por lo tanto, uno de los pilares sobre los que se sustenta cualquier sociedad democrática. Los periodistas nunca hemos olvidado la función tan importante que realizamos, a pesar de que desde muchos sectores se hayan esforzado en desprestigiar y minimizar nuestra labor. Gran parte de la sociedad ha vuelto a poner su foco en los periodistas para recibir información veraz, prueba de ello son las cifras históricas registradas de lectores, oyentes y espectadores. Estamos ante una oportunidad única para volver a ganar nuestro espacio y recuperar parte de la credibilidad perdida, provocada principalmente por diversos ataques e intereses ajenos a la profesión. La ciudadanía debe confiar en nosotros y entender que el periodismo de rigor es la mejor vacuna contra la desinformación.

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