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Urbanismo o destrucción

Francisco Javier López Martín
Francisco Javier López Martín
nací en la Sierra de Madrid, en Collado Mediano. Licenciado en Geografía e Historia. Maestro en la enseñanza pública. Ha sido Secretario General de CCOO de Madrid entre 2000 y 2013 y Secretario de Formación de la Confederación de CCOO. Como escritor ha ganado más de 15 premios literarios y ha publicado el libro El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de los Nadie y recientemente Cuentos en la Tierra de los Nadie. Articulista habitual en diversos medios de comunicación.
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análisis

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En mi anterior artículo hablé de Enrico Berlinguer y de los 100 años que hubiera cumplido por estas fechas. Un artículo escrito a propósito de su discurso profético, allá por 1977, ante una Convención de intelectuales, en el que hablaba de un tema absolutamente moderno: la austeridad.

La austeridad hoy nos suena a engaño cuando se entiende como austericidio, pero hay que ser honestos y plantearnos en profundidad si podremos sobrevivir agotando recursos al ritmo que lo hacemos en estos momentos, a lo largo y ancho y hasta en lo profundo del planeta.

Un amigo, arquitecto y buen urbanista, al que aprecio, Jesús Gago, una de esas personas que, como su amigo Eduardo Mangada, ganan en sabiduría a medida que cumple años, me escribió una nota en la que me decía que, por aquellas fechas, finales de los 70, un conocido urbanista italiano, Giuseppe Campos Venuti, publicaba un libro llamado precisamente Urbanismo y austeridad, que tiene mucho que ver con el mensaje que Berlinguer dirigía a los intelectuales, trasladado a los urbanistas.

Campos Venuti fue maestro de arquitectos e inspirador de los planeamientos urbanos en los que se sumergieron en España los arquitectos como Gago, Mangada, o el propio Oriol Bohigas, en los momentos finales de la dictadura y durante el proceso de Transición a la democracia.

Eran otros tiempos y contemplar el urbanismo actual es comprobar la degradación a la que se ha sometido a la vida humana, la profundidad de la derrota de una izquierda que ha aceptado el derroche capitalista como parte de nuestra vida cotidiana.

Poco después, Jesús Gago traducía, junto a Pilar Alcalá y Juan Antonio Antequera, otro libro que profundizaba en la misma idea de la austeridad frente al despilfarro. El libro, escrito por Francesco Indovina, se titulaba Lo spreco edilizio, que literalmente creo que significa algo así como los residuos de la construcción, los escombros y que fue titulado definitivamente como El despilfarro urbano. Indovina era por entonces un joven, pero ya prestigioso urbanista especializado en estudios territoriales, económicos y sociales.

Berlinguer no estaba sólo, está claro. La izquierda italiana intentaba dar respuestas  coherentes a la terrible situación económica desencadenada por la crisis del petróleo, que golpeaba a la clase trabajadora y a toda la sociedad,  destruyendo la convivencia en las grandes ciudades.

Como en nuestros días, la alta dependencia del petróleo, en combinación con la guerra de Israel contra sus vecinos árabes, con apoyo de Occidente, produjo restricciones de suministros de crudo por parte de los  países árabes, lo cual condujo al crecimiento desproporcionado de los precios del petróleo y a  subidas alarmantes de los costes de la vida, con las consiguientes caídas del consumo, de la producción y el aumento del paro.

Pero aquella izquierda italiana, de la que aprendimos mucho la izquierda española, era ambiciosa y no se conformaba con responder a una crisis económica, por grande que esta fuera. Pretendía dar respuesta a un capitalismo del despilfarro que destruía el medio ambiente y que deterioraba irremediablemente las condiciones de vida de la ciudadanía.

La respuesta era la austeridad. La austeridad supone apostar por la calidad de los productos y los servicios frente a la cantidad. La cobertura de las necesidades reales frente a la creación de necesidades artificiales y el derroche permanente. Austeridad significa mejores servicios públicos, mejor sanidad, educación, servicios sociales, mejor empleo. Significa nuevas relaciones con la Naturaleza. Austeridad significa cuidar la vida.

Un planteamiento como éste necesita un urbanismo nuevo, espacios urbanos amables y acogedores. Ahí es donde entraron en juego los urbanistas que se alimentaban de las experiencias italianas para afrontar el diseño de las ciudades en crecimiento, los que construyeron los Planes Generales de Ordenación Urbana de los recién nacidos ayuntamientos democráticos.

Estos urbanistas, como cualquier persona atenta a la evolución de nuestro país, asisten hoy a la paradoja de una derecha que se ha apropiado de la austeridad para convertirla en justificación de las desigualdades, en desequilibrio estructural, en violencia institucional contra los derechos sociales de ciudadanía.

Como bien me recuerda Jesús Gago, la izquierda ha perdido la batalla de la contraposición de la austeridad contra el despilfarro. Ahora resulta que unos pocos ideólogos y políticos han transformado la austeridad en austericidio y han diseñado un nuevo capitalismo vinculándolo a la democracia, a la “sostenibilidad” ambiental y al carácter social de las empresas.

Un capitalismo que sigue derrochando como siempre, pero que genera líderes capaces de alimentar un espejismo de futuro en el que las grandes corporaciones marcan los designios de instituciones como el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional. El liderazgo de esas grandes cumbres internacionales del G7, del G20, de Davos, o de la OTAN en Madrid.

Pero los designios de los poderosos tienen que plasmarse en el espacio, en el territorio, se convierten en un urbanismo que destruye el mundo y se adueña de los bienes, de los recursos y de las  vidas, poniéndolas al servicio del beneficio insaciable. Lo irracional que se contrapone a nuestra visión de un territorio al servicio de las personas que se ganan la vida con su trabajo.

La izquierda, las fuerzas progresistas, las organizaciones sociales y vecinales, los sindicatos, tienen hoy la responsabilidad de defender el urbanismo frente a la destrucción, la vida frente a la barbarie.

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