sábado, 19junio, 2021
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Unanismo

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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En el páramo castellano, la laguna de Torreldueño es un cada vez menos idílico paraje. Años atrás, acogía multitud de aves que reposaban en sus aguas y salpicaban de colores grises, negros y blancos la gran extensión esmeralda de su superficie. Con los años, su capacidad se ha ido reduciendo hasta trocar en un gran charco de poco más de ocho celemines.

La Fuente Empedrada, un manantial de agua siempre fresca y clara, se situaba a poco más de un cuarto de legua de la laguna, páramo abajo, en un corte de la ladera que baja hacia la vega. Allí nacía un riachuelo que regaba las huertas del llano y que incrementaba el cauce del Río Corcos. La fuente hace un lustro que se secó. En diez años, pasó de regar abundantemente las tierras negras de las huertas donde los nativos sembraban patatas, cebollas horcales para la matanza, tomates, calabazas y otras hortalizas, a convertirse en un chorro cada vez más misero hasta que dejó de manar transformando los frondosos juncos junto a su nacimiento, en un cardal amarillento y feo.

Paradójicamente, los cultivos de regadío como el maíz, la alfalfa y sobre todo, patatales, habían crecido en la misma proporción que los pozos que alimentaban las chorreras que regaban las plantaciones.

Tres eran las familias que, también casualmente, llevaban alrededor de dos lustros incrementando esos regadíos y las hectáreas dedicadas a una agricultura masificada que buscaba el mayor rendimiento en el mínimo tiempo posible. Costosas inversiones que pocos se podían permitir pero que devolvían con creces lo invertido en un par de cosechas ya que el principal elemento era de todos.

Así las cosas, las huertas del pueblo se habían convertido en secarrales dedicados ahora al cultivo de garbanzos, lentejas o centenales con los que alimentar a los cerdos para la matanza.

El malestar en el pueblo había ido creciendo conforme el agua iba faltando, hasta que reventó el día que tuvieron que racionar el suministro de las casas porque la tubería que recogía el agua de la laguna, había quedado fuera de los límites del estero.

La reunión en el ayuntamiento estaba siendo bastante tensa. Y se hizo insoportable cuando el portavoz de los principales sospechosos de ser los causantes del desastre, al haber convertido más de cien hectáreas de terreno seco en pantanosos cultivos de esparceta, maíz y patatas, tomó la palabra para intentar convencer a sus vecinos de que los pozos, no solo no secaban la laguna, sino que, al contrario, contribuían a su llenado porque el cultivo de regadío llamaba más a la lluvia y por tanto, si llovía más, la laguna debería tener más caudal. Según ese portavoz, la laguna no solo no se secaba sino que estaba peligrosamente alargando sus límites. Sin los pozos, pronto acabaría inundando el pueblo. La mayor parte de los vecinos montaron en cólera ya que además de secarse las fuentes, cada vez llovía menos y habían estado más de dieciocho meses en los que solo habían caído del cielo 95 litros por metro cuadrado. Y todos recordaban el esplendor de diez años atrás. El tipo prosiguió su discurso diciendo que todo el mundo tenía derecho a cultivar aquello que le diera más beneficios y que lo que deberían hacer era prohibir las vacas y sacar una normativa para que los habitantes del pueblo se ducharan únicamente una vez a la semana porque, tanto las vacas, de las que apenas había una decena en todo el pueblo como las duchas, eran lo que podían secar la laguna. Preguntado porqué no se desprendía de la piscina que había construido en la huerta trasera de su casa, argumentó que su piscina también contribuía a que el agua fuera más abundante porque también atraía a la lluvia.

La situación era cada vez más tensa. A muchos de los vecinos se les estaba acabando la paciencia con el terrateniente del regadío y comentaban entre ellos la necesidad de partirle la cara. El mangante del agua, prosiguió explicando que los cultivos de regadío atraían fauna para los cazadores y que esa misma fauna también era buena para las reservas de agua porque sus micciones acababan también en el subsuelo.

Para finalizar, Paco el patatero, remató su discurso acusando al alcalde y a los agricultores de secano de malgastar el agua de todos, porque según un estudio de la Universidad de Massachussets (estudio que nadie había visto), los cereales consumen en su fase de grana, entre dos y tres mil litros de agua por hectárea (que obtienen del subsuelo), mientras que los regadíos, al usar aspersores nebulizados, ahorran entre quinientos y mil litros por hectárea sembrada.

Y antes de dejar el micrófono, se dirigió al alcalde, el mayor detractor que tenía, y le conminó a que explicara de dónde había sacado el dinero para que su hijo estudiara en la universidad.

Todo el mundo sabía que Amasvindo era un chaval aplicado y que siempre había estudiado con beca. Pero, desde ese momento, más de uno se hizo la misma pregunta y olvidó que del grifo de su casa no salía agua.


 

Unanismo

 

Hay una máxima en las redes sociales que es la de “no dar de comer al Trol”. Consiste en ignorar a aquellos fanáticos, generalmente fascistoides y energúmenos sin entendimiento, que se empeñan en defender, sin argumentos o con explicaciones peregrinas, una postura o una actuación reprochable de algún líder político. Son los que al tercer tuit, acaban reprobándote con argumentos tan solventes intelectualmente como eres feo, calvo, tetona, vieja o mal follá.

En política también existen los troles. Solo que antes eran personajes de segunda fila, tipo Girauta, Hernando o Guerra. Pero tras la moción de Censura de Rajoy y su renuncia a seguir liderando el partido condenado por corrupción, el hooliganismo troliano ha llegado a su cenit, nombrando a un tipo mediocre, intelectualmente hablando, sobre el que recaen serias dudas de que haya aprobado con su esfuerzo la carrera de derecho y el máster del que presume. El trolismo ha llegado a un estadio de vergüenza ajena no solo por las mentiras de los logros de los que presume como dirigente de ese partido que solo ha creado riqueza para los comisionistas, y que ha elevado la deuda pública desde el 40,2% del 2011al 98,2% de marzo del 2018, sino por la aparente ignorancia del personaje que se atreve a decir cosas como que España ha sido en los últimos 500 años, lo que fue, gracias a las actuaciones del partido condenado como responsable a título lucrativo de la Gürtel.

Sin embargo, y a diferencia de la mayoría, no creo que este tipo sea tan estúpido como aparenta ni tan ignorante como sus sandeces podrían hacernos creer. Creo que todos estos discursos de aparente mediocridad lingüística y de nula erudición histórica, están hechos a propósito y con el único objetivo de que sean repetidos hasta la saciedad por las televisiones y medios de comunicación, con especial énfasis por los grupos falsimedia, para que sean absorbidos por esa parte de la población que únicamente se informa a través de la tele y que acaban sintetizando en su gen de pensamiento acogiéndolos como verdad irrefutable y haciéndolos propios.

Gracias al twittero (y amigo) Suso Alonso (@somos_pueblo_) pude entender que esto que estoy diciendo no es algo que únicamente haya visto yo y que tiene un nombre. Se llama Unanismo (no onanismo) y consiste en alejar a la sociedad de la realidad, mostrándole un mundo paralelo a base de pronósticos apocalípticos que sucederán en el futuro si la gente no sigue los pasos o medidas que el augurador del apocalipsis propone. Para esto necesitan un gran despliegue publicitario. Y en España, y también en el resto del mal llamado primer mundo, estos habituales de la distopía poseen la colaboración interesada de los medios de incomunicación, propaganda y adoctrinamiento constante, que hacen de altavoz de sus memeces y elevan lo anecdótico a categoría de generalidad.

Cuanto más repetimos y cuanto más pábulo le demos a estas memeces, aunque sea en la creencia de que estamos denunciando algo que por si mismo se descalifica, les estamos haciendo el trabajo sucio.

A consecuencia del Unanismo, estamos en la coyuntura actual de fascismo en la que nos encontramos. A consecuencia de lo que eran pronósticos apocalípticos del fin de la economía, de la humanidad y del capitalismo si continuábamos con el gasto social, los partidos que tradicionalmente tenían desde su fundación el objetivo del progreso de la humanidad a través del reparto de la riqueza, la justicia social y la igualdad, fueron asumiendo los principios neoliberales para no quedarse atrás en el reparto de votos. A consecuencia de ese distópico futuro, se empeñaron en dejar atrás las políticas sociales para asumir poco a poco los principios neoliberales, hasta llegar a la estafa que acabó quebrando los bancos en el 2008 y que ha revertido el mundo occidental a mediados del siglo XIX, dónde la renta del trabajo no es el sustento de la familia, los derechos laborales no existen y la explotación laboral tanto en jornadas pasadas de horas como en salarios insignificantes, está a la orden del día.

Mientras los gobiernos y las instituciones como la Unión Europea se empeñan en hacer ver a los ciudadanos que el fascismo es una lacra (que lo es), siguen apostando por las políticas que tan solo favorecen a unos pocos y que acaban empobreciendo cada vez más a la población general. El pueblo se da cuenta de ello. Los gobiernos le echan la culpa a las instituciones supranacionales. Estas, llenas de pendejos sin escrúpulos que han actuado de mala fe arruinando países enteros como Grecia, acaban siendo el objetivo del odio de la ciudadanía. Y cuando llegan los fascistas, esos que siempre dicen lo que los memos quieren oír, que hablan en cada momento para el público que tienen en frente, y se auto proponen como adalides en la lucha contra estos tipejos de las instituciones supranacionales, maestros del engaño, proponiendo alejarse de las mismas y prometiendo acabar con aquellos a quienes señalan (injustamente) como causantes de la pobreza (los migrantes), los memos, los que creen que son de los suyos, ignorando que siguen siendo parte del problema y no la solución, los acaban aclamando como dioses salvadores.

El discurso xénofobo, el del odio contra quiénes no sienten la nación, el del odio contra los migrantes, contra los que piensan distinto, contra los homosexuales, los catalanes, los vascos, los andaluces, los comunistas, los anarquistas, los chinos, los marroquíes…, no es sino un discurso unanista. Un discurso basado en proposiciones sesgadas e incorrectas que pronostican un futuro oscuro. Futuro contrapuesto al que de verdad conocemos por la historia en el que, es este tipo de pensamiento político, el que acaba asesinando, empobreciendo y generando inestabilidad mundial.

El líder del partido corrupto, el del nuevo partido falangista y el del vividor con nombre de diccionario infantil, son conscientes de las aberraciones que sueltan, que son plenamente intencionadas. Difundir sus idioteces aunque sea para denunciarlas, es contribuir a su estrategia.

A los troles, nunca hay que darlos de comer. Es mejor ignorarlos porque eso, es su Kriptonita. Lo que peor lleva este tipo de personas es que nadie les haga caso.

 

Salud, república y más escuelas.

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