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Unamuno en Almería

Antonio Guerrero
Antonio Guerrero
Antonio Guerrero colecciona miradas, entre otras cosas. Prefiere las miradas zurdas antes que las diestras. Nació en Huelva en 1971 y reside en Almería. Estudió relaciones laborales y la licenciatura de Filosofía.
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análisis

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Aunque parezca  difícil de reconocer esta tierra es rica en filosofía. Y ya no solo por el salmeronismo que nos invade sino por la presencia de otros grandes filósofos de la historia de la humanidad que dejaron su huella. Es sabido que Avicena y Averroes estuvieron aquí en épocas pretéritas y que eligieron Almería para salvar su vida, ya que fueron refugiados políticos.

No obstante otros nombres más cercanos a nosotros también se acercaron para compartir el mismo aire y el mismo sol. Por ejemplo, Aldous Huxley  pasó tres días por esta tierra que le sirvieron para escribir un poema que sin duda ha pasado a la historia. Aunque no es necesario irse a figuras ajenas a nuestro país.

Por aquí pasaron también Gustavo Bueno y Unamuno. En concreto, este último, llegó en 1903. Entonces Almería tenía cincuenta mil habitantes y hacia de la feria el centro de gravedad de su actividad social. En esas fiestas la institución más relevante de entonces era el Club de Regatas. Y esta tuvo a bien convocar unos juegos florales donde fue Unamuno precisamente el mantenedor. Aprovechando la ocasión le rindieron un merecido homenaje.  Además en esos días fue invitado también por la Sociedad Obrera de Oficios Varios para dar una conferencia en el Teatro Apolo.

Entonces tenía 39 años y ya era rector de la universidad de Salamanca. Habló de la tolerancia, de la evolución de ideas, de las huelgas y del salario justo.  También dijo que “la lucha por la tolerancia no cesará nunca porque el hombre que deja de luchar, muere”.  La estancia fue del todo satisfactoria para el filósofo que así lo dejo recogido en algunos medios. Tal fue así que décadas después regresó.

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Fue en 1931 para presidir junto a Carmen de Burgos un homenaje que el pueblo de Alhama de Almería rindió a Nicolás Salmerón en el XXIII aniversario de su muerte.  En ese homenaje hubo más figuras históricas como Victoria Kent, y José Ótega  y Gasset. De su primera visita han quedado anécdotas sublimes. Llegó en el tren correo la tarde del 25 de agosto para estar una semana por aquí.

Le visitaron políticos y líderes institucionales. Entonces fue de un sitio a otro sin parar notando como era la novedad, hasta el apogeo de las florales. Y en cada sitio dejó frases revolucionarias. Una de ellas, de las  dijo en el Círculo Literario:  “en España más que enseñar hace falta apetito para aprender”. Me quedo con esta.

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