Resulta chocante, incluso sorprendente, que en un espacio que dista mucho de ser un paradigma de un fenómeno de masas un ¨loco¨, llamado Unai Etxebarria, haya osado mancillar el ¨buen nombre¨ del deporte mezclándolo con la política. 

 De todos/as es sabido que política y deporte agua y aceite son, que el deporte jamás ha sido, ni es, utilizado por los estados para hacer gala de su fortaleza o potencialidad, y que ambos elementos son sencillamente antagónicos, incompatibles. Alemanía o Austria fueron privados de su participación olímpica tras la I Guerra Mundial en los JJOO de Amberes 1920 por su escaso nivel deportivo no por motivos políticos.  Hitler nunca usó el deporte para propagar sus ideas supremacistas a través de los JJOO. El COI se inclinó por la elección de Berlín como sede olímpica en lugar de Barcelona en 1931, en una decisón puramente deportiva y en la que no tuvo ningún peso que en el estado español se hubiera optado por un régimen progresita, la II República, alejado de los ideales que jalonaban el pensamiento del presidente del COI y precursor de los JJOO modernos Coubertain. Dicha ubicación se mantuvo en 1936, en plena vorágine represiva de la Alemanía nazi ajena a la predilección que el propio Coubertain sentía por ciertos ideales nacional socialistas. Las clases trabajadoras, los pueblos oprimidos o las mujeres nunca han tenido que pelear por su acceso al deporte, y hoy gozan de las mismas posibilades que las clases pudientes para la práctica del mismo. Además, esas discusiones entre amateurismo, profesionalismo y/o deporte popular son pura mitología de locos, y de locas.

 Pero prosigamos, una amplia mayoría de nuestra sociedad, sin duda la más docta, sabe que la política y el deporte nunca han tenido relación ni la tienen, más aún en nuestro estado donde esa no vinculación es todavía más drástica. La Liga de Fútbol Profesional no entiende de política y, menos, de política territorial, y es por mera casualidad que los equipos, que pueden competir en esta, pertenezcan solo al estado español. La L.F.P.  existe de forma natural y no tuvo en su proceso de conformación diversos proyectos de índole territorial, como el catalán, que cayeron en saco roto por motivos políticos. Del mismo modo, es archiconocido que la competición que hace sombra a la L.F.P., la Copa de su Majestad el Rey, no tiene ninguna connotación política ya que la monarquía es algo innato, tan innato en nuestro deporte no politizado como que al Levante F.C.  aún hoy se le prive de alzar el título de aquella Copa de la República que ganó en 1937.  

 Parece que todavía no ha habido una ruptura con el franquismo tampoco en el deporte, dicen aquellos que se empeñan en politizarlo todo. Esos mismos que muestran su rechazo a actos netamente deportivos, como el hecho de que la presidencia de muchas finales sea detentada por prestigiosos profesionales del deporte como Juan Carlos I o Felipe VI, o que el inicio de estos emblemáticos partidos sea con el acorde de ese himno, robusto en letra, de ese equipo de las élites que preside todas las competiciones aunque no juegue. Y ahí entra Unai, ¨el loco¨, en esa nómina de gentes empeñadas en politizar el deporte. Esa nómina que escriben miles de deportistas profesionales y amateurs tapados por la historiografía del deporte oficial, por supuesto no politizado, como la gran atleta republicana castellana de adopción y catalana de nacimiento Margot Moles.

 Gentes que se atrevieron a ser una nota disonante en ese lírica musical hegemónica que tacha solo de politización del deporte aquellas muestras deportivas que no responden a los intereses del régimen del 78 y sus acólitos. Gentes del deporte que han sufrido y sufren el desprestigio y la presión de los mass media a las órdenes del régimen como Unai Etxebarria (en este caso también la represión deportiva), Pep Guardiola, Oleguer, Mikel San Jose, Mikel Labaka, el gallego Nacho, Lucarelli, Sócrates y su ¨democracia corintianha¨ , Iribar y Kortabarria ikurriña en mano, los racingistas Manzanera y Aguirre denunciando los últimos fusilamientos del franquismo, que solo son un continuo en ese camino irredento que ya iniciara su construcción con casos como los de Belauste condenado al exilio por reclamar derechos para el pueblo vasco, mismo camino que acabaría por verse obligado a tomar el también zurigorri Aguirre (Lehendakari Aguirre) o el presidente del Madrid F.C. Vallejo tras una larga lucha. Sunyol, presidente del Barca, fusilado en 1936 por el franquismo, Alcántara, jugador del Nacional de Madrid, caído defendiendo la democracia o los/as miles de personas que conformaron batallones de deportistas para defender la libertad y la democratización del deporte ante el golpe de estado de 1936. 

 Deportistas de corazón rebelde, de corazón necesario para la sociedad, que entienden y entendieron el deporte no como un mero espectáculo o un espacio solo apto para el mercantilismo, sino como una flor cargada de valores, una herramienta para la transformación social, para la construcción de  sociedades más justas, más libres y más democráticas. A todos y a todas ellas, gracias. Ánimo y eskerrik asko a Unai por poner otro granito más en este camino difícil pero necesario para mejorar la sociedad, esperemos que las muestras de solidaridad contigo desde el mundo del deporte no se hagan esperar y que estos ejemplos empiecen a ser más cotidianos.

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