Todo seguirá igual pero nada será ya lo mismo en Euskadi después de este accidentado y extraordinario 12-J, marcado claramente por la pandemia de la covid-19, que ha dejado la participación en estos comicios en un exiguo 52,7%, ocho puntos por debajo de la cita electoral de 2016. El presente de estos últimos cuatro años en el País Vasco marcará de nuevo su futuro, con una más que probable renovación del pacto de gobierno entre PNV y PSE. Sus casi 1,8 millones de electores han apostado mayoritariamente por formaciones progresistas pero será el nacionalismo moderado conservador el que marque de nuevo las pautas de gobierno. El acusado descenso de participación respecto a los comicios autonómicos de 2016 no ha sido óbice para que el PNV de Iñigo Urkullu pueda seguir gobernando otros cuatro años con el apoyo de los socialistas vascos, que superan a Elkarrekin Podemos como tercera fuerza política en Euskadi.

El desplome histórico de la derecha constitucionalista evidencia que el PP de Casado aún no ha interiorizado que el País Vasco pasó hace años la página del terrorismo

Otra de las decisiones de la ciudadanía que ha hecho historia en estas elecciones autonómicas vascas es que la derecha constitucionalista, representada a dos bandas por el pacto electoral PP-Ciudadanos y la candidatura de la ultraderecha de Vox, cada vez pinta menos en el futuro de esta tierra, con una estrategia claramente dirigida a mirar por el espejo retrovisor su pasado de plomo antes que apostar sin ambages por un presente y un futuro plenamente en paz como el que vive desde hace años Euskadi tras la desaparición de la banda terrorista ETA.

Varapalo histórico a la estrategia de Casado con Iturgaiz

El liderazgo de Casado en el PP ya tiene una sonora derrota electoral que sumar a su currículo, porque su apuesta personal por Carlos Iturgaiz como cabeza de lista en estas autonómicas, sumado a la concurrencia de sus listas junto a las de Ciudadanos, ha sufrido un varapalo histórico, relegando a los populares a una posición casi insignificante en la composición del nuevo Parlamento Vasco. Por no hacer nada bien estratégicamente, el PP de Casado ni siquiera ha contenido a la ultraderecha en Euskadi, que por primera vez tendrá una representante en la Cámara vasca, Amaya Martínez, por Álava.

EH Bildu es el único partido, junto a Vox, que incrementa sus votos absolutos respecto a las autonómicas de 2016 pese al descenso de 8 puntos en la participación

Una tercera conclusión que dejan las urnas en Euskadi es que el fenómeno Podemos, que en 2016 fue la fuerza política más votada en las elecciones generales con más de 330.000 votos, no sólo no será determinante en la gobernabilidad de esta comunidad sino que se queda en tierra de nadie con una deriva nítidamente descendente, ya que hasta el PSE le supera en representatividad parlamentaria. De su estancamiento también se beneficia EH Bildu, que se refuerza claramente como segunda fuerza política tras haber obtenido el mejor resultado de su historia en una elecciones autonómicas.

Es especialmente indicativo que, en número absoluto de votantes, el único partido que ha incrementado sus sufragios respecto a los obtenidos hace cuatro años es EH Bildu, pese al descenso de ocho puntos en la participación. En total, casi 25.000 votos más que en 2016. El resto de partidos, a excepción de la ultraderecha, registra menos votantes absolutos que en las anteriores autonómicas.

Y en medio de este vaivén de cifras y porcentajes, nadie sabe qué ha pasado con los 200 votantes diagnosticados con coronavirus a los que las autoridades han prohibido su participación en estas elecciones autonómicas vascas, las primeras que se celebran en España en tiempos de covid-19. Si finalmente han introducido o no sus papeletas en las urnas sólo ellos y ellas lo sabrán, después de una polémica prohibición puesta en tela de juicio por expertos constitucionalistas.

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