Siblings Mohammed, Batool and Luai Ali Zaid walk on the rubble of their neighbor’s house which was destroyed by conflict in the Old City of Sana’a. The children fled the area with their family after the incident but have since returned. They walk among the ruins, reminiscing the time they used to play with their now-deceased friends. With violence and loss a daily reality for Yemen’s civilians, mental health and psychological support needs continue to exacerbate in Yemen, particularly among those displaced and vulnerable, including children. ; The 2-years conflict in Yemen has displaced more than three million people, and 21 million are in need of some form of humanitarian assistance.

El miércoles pasado, en un tono mucho más agrio que nunca, Mark Lowcock, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, ha reprochado a la comunidad internacional que la financiación, que se ha destinado a la descomunal crisis humanitaria que vive Yemen, es muy insuficiente.

Actualmente, los programas humanitarios se han financiado al 45 por ciento (la mitad que el año pasado). Medidas irresponsables e inmorales que podrían provocar que “9 millones de yemeníes pierdan el acceso a servicios básicos de salud” a la vez que el “tratamiento de más de 1,5 millones de niños malnutridos podría detenerse”.  

Estos reproches han venido de la mano de nuevas advertencias: la hambruna nunca ha sido peor en Yemen y en algunas partes del país uno de cada cuatro niños sufre desnutrición aguda. También se ha recordado que:

“Sin alimentos, el metabolismo del cuerpo se ralentiza para preservar la energía de nuestros órganos vitales. Con hambre y debilidad, las personas a menudo se fatigan y se confunden. El sistema inmunológico pierde fuerza. Entonces, a medida que mueren de hambre, las personas, especialmente los niños, tienen más probabilidades de enfermarse o morir de enfermedades a las que podrían haber resistido de otro modo”. En Yemen estas enfermedades son “el cólera, el covid-19, otras infecciones respiratorias y enfermedades como la malaria, el dengue y la difteria”.

Si estas noticias no fuesen gravísimas, el jueves se advirtió de que en Yemen se podría producir una auténtica catástrofe ecológica. Esto viene de atrás, pero cada vez el peligro de que todo salte por los aires es mayor.

El problema está en un petrolero “abandonado y oxidado” que podría reventar y que está siendo utilizado de rehén por los hutíes. El motivo es que existe una lucha política entre los hutíes y el gobierno reconocido internacionalmente por ver quién se hace con los beneficios del petróleo. Si no se consigue solucionar la amenaza podría causar un derrame “cuatro veces peor que el derrame histórico del Exxon Valdez en Alaska en 1989” ha advertido el relator de Naciones Unidas, Marcos Orellana.

Estas dos informaciones no han provocado ninguna alarma en nuestras sociedades. Los países que venden armas y que basan sus economías en el petróleo, son incapaces de mover un dedo para al menos mitigar el sufrimiento inimaginable por la que está pasando el pueblo yemení. El gobierno y los partidos políticos españoles deben revisar sus agendas y denunciar alto y claro esta situación insostenible.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre