Hasta ahora creíamos que solo la genética y el bolsillo podían facilitarnos una buena vejez. La realidad es que depende de uno mismo, teniendo en cuenta que la genética influye en un 25% y el resto depende de “factores ambientales”. Así lo ha declarado Roció Fernández-Ballesteros, catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora científica del simposio “¿Es el comportamiento un factor interviniente en la longevidad?”.

Tener una vida larga, activa y saludable está en nuestras manos. El envejecimiento no es un proceso de larga duración que ocurre al azar, sino que cada individuo es un agente activo de su propio envejecimiento. Además, la Organización Mundial de la Salud asegura que tener hábitos saludables y controlar el estrés determinan el envejecimiento activo.

Mantener una dieta equilibrada, cuidar nuestra salud, no fumar, beber con moderación y seguir las prescripciones médicas son algunos de los factores determinantes que la coordinadora del simposio ha resaltado para tener una vejez saludable.

Por su parte Rikke Lund, del Departamento de Salud Pública y Centro de Envejecimiento Saludable de Dinamarca, apunta directamente a las relaciones sociales como el nuevo elixir de juventud. “Hay evidencia sólida de que las relaciones sociales adversas aumentan la mortalidad”, señala Lund. Aunque la mayoría de investigaciones se han centrado en los aspectos positivos, hay investigaciones recientes que sugieren que los aspectos negativos de las relaciones sociales, como los conflictos y las preocupaciones se asocian con un aumento de la mortalidad. “Algunos estudios incluso sugieren que esos efectos negativos anulan los efectos positivos de las relaciones sociales de apoyo”.

Rocío, explica que vivir en pareja es un factor salutogénico e “influye en la longevidad y la supervivencia”. Demostrado por estudios epidemiológicos, las relaciones sociales son un filtro para el estrés y actúan como factores protectores de la enfermedad.

 

Inteligencia eterna

La catedrática de la Universidad Complutense, María Ángeles Quiroja ha hablado de las mejoras intelectuales. Según los datos recogidos en varios países “tanto desarrollados como en vías de desarrollo” se ha observado un incremento de tres puntos más de cociente intelectual por década.

«Las características individuales que nos hacen únicos determinan muchos aspectos de nuestra vida como el éxito en el trabajo, la salud mental y física, así como también la longevidad. Pero la personalidad no proporciona un billete premiado para la buena vida ni tampoco condena a otros al fracaso. Si analizamos correctamente todos estos aspectos, podremos obtener información clave para ayudar a que todas las personas prosperen en la vida» añade Margaret Kern, de la Universidad de Melbourne.

Lo que cabe destacar es que la longevidad es un signo positivo y ya de por si un motivo que celebrar. Ahora vivimos mucho más tiempo y en condiciones más saludables que hace un siglo. Como decía Quevedo “todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado”. Ahora, solo nos toca celebrar haber llegado.

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