Según una encuesta de Eurofund, a raíz del desastre provocado por el Coronavirus, el 11 % de los españoles, es decir cinco millones de conciudadanos, se ven incapaces de afrontar el pago de la hipoteca o del alquiler, y el 7 %, es decir tres millones de personas, teme perder su casa en los próximos meses. La mitad de los españoles, un 48 %, según la citada encuesta, tiene una situación económica peor que hace tres meses, y el mismo porcentaje teme que empeorará en los próximos meses.

Entre hostelería y pequeño comercio, la previsión es que un millón y medio de puestos de trabajo acaben desapareciendo. Se dice pronto. Como también se dice pronto que grandes firmas automovilísticas francesas estén pensando en repatriar su producción al país vecino.

Envueltos en el ruido y la furia, en debates políticos miserables, no se parece ser demasiado consciente del tsunami que arrasará, que está arrasando ya nuestro maltrecho sistema económico. Y es que, que nadie lo olvide,  antes de la Pandemia, los tozudos datos indicaban que el 21,5 % de los españoles, según el INE, se encontraban en riesgo de pobreza, que el 36 % de los ciudadanos de este país no podían afrontar gastos imprevistos y un 34 % no podían siquiera plantearse  irse unos días de vacaciones en verano. Pues bien, sobre este panorama ha aparecido el Tsunami del Coronavirus, un Tsunami ante  el que la Unión Europea, una vez más, nos dejará solos. Las ayudas planteadas son en el mejor de los casos ridículas, en el peor, auténticamente miserables. A eso añadan que la temporada turística está más que en peligro. Y sobre todo añadan un principio fundamental en economía, del que no se está hablando: la economía se basa fundamentalmente en expectativas. Si las personas tienen optimismo la economía funciona bien, si la incertidumbre se abre paso la cosa empeora, y si el miedo, a la enfermedad o a perder el empleo o a rebajas salariales es lo que predomina, el hundimiento está asegurado. ¿Quién se va a arriesgar a invertir o a gastar en cosas no imprescindibles? Pues eso.

Lo peor, lo más terrible, es que este Tsunami nos arrasará a los de siempre. Corremos un serio peligro de que la clase media desaparezca definitivamente de este país y nos convirtamos en una sociedad típicamente centroamericana, por poner un ejemplo, una sociedad con una ínfima minoría de ultra-ricos y una inmensa mayoría de ciudadanos envueltos en la miseria. Ojalá me equivoque, pero me temo que no. De los hachazos que nos llevarán a esa situación, de la élite española, la más corrupta e inútil de Occidente, ya hemos hablado y tendremos tiempo, lamentablemente, de hablar.

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