Detalle de la portada de La cadena fácil. Foto: Pálido Fuego.

Cuando tras un nombre se oculta una personalidad creativa desconocida, el atractivo en sí más allá de componentes exógenos variados se acrecienta de forma proporcional a su valía profesional. En Evan Dara se dan todos estos ingredientes mientras el misterio continúa. Los editores de la malagueña Pálido Fuego vuelven a la carga con este inclasificable autor, uno más en el selecto grupo de los inclasificables y rompedores por antonomasia de la literatura anglosajona de las últimas décadas junto a Pynchon, Gaddis y Foster Wallace, entre otros. Se presenta ahora, tras la deslumbrante El cuaderno perdido, también publicada por Pálido Fuego, La cadena fácil, con traducción de uno de sus responsables editoriales, José Luis Amores.

La presentación de esta novela, o lo que realmente quiera ser, de este “escritor norteamericano que (por lo general) reside en Europa” que se oculta tras el heterónimo de Evan Dara, no deja margen para la duda: “Está el lector a punto de sumergirse en uno de los hitos novelísticos de lo que llevamos del siglo XXI”. Si está demasiado crecida la aseveración o no se deja al buen criterio del lector para no ahondar en debates estériles.

Esta obra es una pugna asombrosa y genial sobre las fuerzas antagónicas que pueblan la existencia: verdad y mentira, lo auténtico y lo impostado, la creatividad y la burda copia… La cadena fácil narra la historia de Lincoln Selwyn, joven británico crecido en Holanda y que finalmente recala en Chicago. La primera mitad del libro la narran los conocidos del protagonista y la recreación coral de la historia se ve sacudida por la estructura “en remolino” que plantea Dara, con numerosas páginas en blanco incluidas, para asombro del lector, que no saldrá de su perplejidad hasta el punto y final de la narración. Tras este espacio en blanco, la parte final de La cadena fácil concreta varios meses de la vida de Lincoln. Como apuntan los editores españoles de esta novela inclasificable –en la línea de otros experimentos de firmas de la talla de Thomas Pynchon–, La cadena fácil es exigente pero no inaccesible. Entren en ella y compruébenlo con sus propios ojos.

 

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