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Un test te cambia la vida

Cruz Galdón
Cruz Galdón
Escritora
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análisis

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La vida se ha convertido en un test. Los hay para todos los gustos y necesidades.

¿Deberías cambiar algo en tu vida? Haz un test. ¿Quieres saber si genéticamente eres propenso a padecer alguna enfermedad? Haz un test. ¿Cuál es tu pareja ideal? Haz un test. ¿Qué tipo de personalidad tienes? Haz un test. ¿Quieres saber cuándo quedarte embarazada? Haz un test. ¿Crees tener COVID? Haz un test. Y así podría enumerar miles de preguntas que se responden con un test.

Lo más curioso de todo esto es que todos estos test dan respuesta a las preguntas que conforman elementos esenciales de nuestra vida. Haciendo un recuento de los sufridos en primera persona, recuerdo el primero, el que cambió mi vida de repente y para siempre, el positivo que me hizo ser madre. ¡Oh sorpresa maravillosa! Y el último, el que ha cambiado este final de año 2021 que, con sus pros y contras, ha llenado 365 días de vida.

La cuestión es que nada se resuelve definitivamente con un test. La vida, ese inesperado rayo de sol que cada día le va ganando horas a la noche, es un cofre de sorpresas cuyos resultados tienen tantas variables como infinitos son nuestros pensamientos.

¡Cuántas familias nos sentaremos delante del mantel con sillas vacías! Unas que lo estarán siempre, otras porque un test dio positivo y no se puede salir de la habitación, otras porque nos da miedo “no sea que…”, otras porque se rompió el amor “de tan poco practicarlo”, otras simplemente porque nunca se llenaron y las más dolorosas, porque no hay nadie que quiera sentarse en ellas.

Da que pensar todo esto, porque lo que hoy es tangible y posible, con un test se vuelve efímero y cambia la vida. Quizás el test más importante que debemos aplicarnos es aquel que te trae la conciencia y el corazón, ese cuya respuesta es el análisis profundo de lo que hemos hecho en estas últimas 8 760 horas de vida.

Ahora que es tiempo de propósitos y cambios, de planes, de ilusiones, de metas, es el momento para testar nuestra verdad partiendo de una sola premisa, que lo más primordial que tenemos es aquello por lo cual estamos precisamente dispuestos a dar la vida: nuestras convicciones.

Según el filósofo Karl Jaspers, la convicción es fruto del espíritu, de esa dimensión que va más allá de la razón y de los sentimientos, es inspiración y creación. Es algo que se apodera de nosotros mismos, hasta el punto de ser aquello por lo que damos la vida entera. Tanto es así, que las convicciones entran en conflicto con los sentimientos. Y aún la pelea es más fuerte cuando se trata de hacer lo correcto venciendo las dificultades.

Pues hagamos que nuestras convicciones, poderosas y magnéticas en nuestra forma de tratar y tratarnos, nos hagan entender que es necesario cuidar y cuidarnos, amar y amarnos, sentir y sentirnos en los próximos 525 600 minutos de vida que nos regalará el 2022.

Desde esta carta, desear desde mi profunda convicción de que somos amor en esencia, que este os acompañe e inunde cada poro de vuestro ser y que la salud bañe vuestros hogares sin necesidad de más test. ¡Feliz 2022!

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