Es un privilegio, como espectador de su cine, conocer personalmente a Achero Mañas. Y a fe mía que le conozco, desde hace ya más de treinta años cuando el destino quiso cruzarnos en Nueva York, donde yo estaba rodando The Long Hello; Achero apareció cuando el rodaje estaba casi terminado y apenas hace un papelito mínimo, de camello de Eva Cobo… pero esa es otra historia. La de hoy y ahora es UN MUNDO NORMAL, la nueva película de Achero Mañas, que hasta podría ser la última, porque entre la anterior, Todo lo que tú quieras, y la nueva, han pasado diez años. Es difícil levantar una película. Muy difícil.

Confieso -sufro la desgracia de la sinceridad- que en el día del estreno en el cine Paz la película me aburrió un poco en algunos momentos, veía posibles mejoras por todas partes, y confieso también que me sentí un poco atrapado, porque -a Achero llegué a llamarlo mi mejor amigo en la época de Nueva York y ambos formamos parte del ya mítico Grupo de Brooklyn- era evidente que me iba a tocar escribir sobre UN MUNDO NORMAL. Pero no está siendo tan dífil como creía, esencialmente porque la película me dijo buen sabor de boca, un muy buen sabor de boca. El final es fantástico y Gala Aymad, la hija de Achero, está fantástica gritándole al mundo y al mar…, está ¡fantástica! hasta el punto sorprendente de comerse en la secuencia final al mismísimo Ernesto Alterio, uno de mis actores favoritos, que siempre hace su trabajo maravillosamente, también aquí, en UN MUNDO NORMAL.

Decía al principio que es un privilegio conocerse personalmente a Juan Mañas, se llama así originalmente y no olvidaré lo extraño que me resultó una vez que acudimos a algo oficial juntos y le pedieron el nombre del DNI, cuando se lo escuché decir. Y es un privilegio porque las raíces de Mañas como escritor y cineasta, como creador, se hunden siempre en su mundo más importante y cercano: el de su familia, anterior y posterior. Yo conozco, claro, a la madre que protagonizó en la vida real la anécdota del televisor (genial, a cualquiera que acuda a ver la película le encantará). Conozco sus miedos y alegrías y locuras y voluntad alucinante, y eso me hace disfrutar aún más, quizá, que a otros espectadores de su cine.

UN MUNDO NORMAL, la más reciente película de Achero Mañas, es una road movie conmovedora y sincera, llena de verdad y vida (y muerte, que es lo único que hace realmente grande la vida). Al verla por primera vez, iré más veces, he notado, por supuesto y ya lo he dicho más arriba, el esfuerzo colosal que ha hecho para ponerla en pie, para abrirle una puerta a su hija maravillosa, Laura, Gala Aymad, en la profesión a la que se quiere dedicar. Y eso -el mérito y el esfuerzo- está ahí para mí; para mí y para cualquiera que vea la película, que recomiendo con amor y con pasión; especialmente en un momento en que los mundos normales de todos están desaparecidos (ojalá no para siempre), creo que verla es una suerte de catarsis. Y garantizo ese buen sabor de boca que deja la película, a cualquiera, incluso a espectadores tan cercanos y exigentes como yo.

UN MUNDO NORMAL, de Achero Mañas. Mi orgullo de ser su amigo y de que sea uno de los directores más interesantes del actual cine español.

El arte es más fuerte que el coronavirus. Apóyalo. Y apoyalé.

(Mecanografía: MDFM)

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