El Puche es un barrio almeriense testigo y víctima del abandono institucional. Entre sus reivindicaciones más conocidas se encuentran las mejoras en el alumbrado, la limpieza de las calles, la inclusión de espacios verdes y la recuperación del transporte público. Desde hace poco más de dos años, surgió un mercadillo ilegal donde confluyen miles de personas y en el que se venden todo tipo de enseres cada domingo. Su carácter masivo, la falta de control higiénico-sanitario y la imposibilidad de mantener la distancia de seguridad preocupa cada vez más a sus vecinos, que no buscan su desaparición sino una regulación del mismo.

Asociaciones y vecinos del barrio se han puesto en contacto con la alcaldía de la ciudad para exponer esta delicada situación. “Se está permitiendo un mercado de dimensiones descomunales sin ningún tipo de autorización en un barrio donde no hay servicio de limpieza”, denuncia una vecina a este periódico, y añade que “lo que se vende no cumple de ninguna forma las medidas higiénico-sanitarias y lo que no se vende habitualmente acaba quemándose”. Desde 2017, El Puche se está movilizando con marchas por la ciudad, numerosas concentraciones frente a organismos públicos y trabajos colectivos de mejora del barrio.

Por su parte, el alcalde de Almería, Ramón Fernández-Pacheco Monterreal (PP), ha respondido a los vecinos y vecinas aduciendo que “el desmantelamiento del mercadillo solo lo puede realizar la Policía Nacional”, y ha confirmado en un mensaje al que ha tenido acceso Diario16, que ya han dado parte de la situación, pero que necesitan “la implicación de la Subdelegación del Gobierno” con la que esperan una reunión “para solucionar el tema”.

Una barriada con descampados a modo de vertederos en la que, cuando anochece, apenas hay luz para transitar con tranquilidad por algunas calles y donde los cortes son recurrentes. Así puede entenderse El Puche, vecindario que también acuna a gran parte de población migrante -muchos trabajadores del campo-, y por la que desde el sindicato SOC-SAT creen que viene determinado ese “olvido institucional”. Conviene reseñar que esta situación está siendo utilizada por la extrema derecha de la zona para vincular los brotes con la población migrante, así como lo hicieron durante el estado de alarma. Sin embargo, con la llegada del COVID-19, los problemas de insalubridad y el incremento de la presencia de personas en este mercadillo, que bien podría ser un Wuhan a pequeña escala, está generando intranquilidad entre los vecinos y vecinas preocupados por la posibilidad de un brote.

Queda manifiesto que las vecinas y vecinos no quieren la eliminación del mercadillo “porque es una manera de ganarse la vida en el barrio”. Su principal objetivo, tras varias llamadas a la Policía Local, es “que hagan algo por el covid porque no queremos pillar ninguna enfermedad”, explica una vecina. Mientras siguen a la espera de una respuesta firme por parte de las instituciones, han mostrado su descontento en las carreteras aledañas concentrándose de forma pacífica al grito de “¡No queremos mercao!”.

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